Editorial | Hablemos de publicidad
La sociedad, la gente común, esa a la que nos debemos, ¿qué sabe de nosotros?
¿Cómo nos muestra la publicidad? ¿Qué uso hace la publicidad de nosotros? ¿Cómo nos ubica en la sociedad?
La publicidad en radio y tv nos muestra como fumadores empedernidos, proyectando en una mesa de dibujo, en lugares paradisíacos, con grandes ventanas hacia el mar, cortinas que son movidas por una suave brisa y un color azul que inunda todo y nos da placer de fumar.
A veces es una familia que proyecta el futuro de su hijo. El papá quiere que sea médico y la mamá arquitecto, en lo único que se ponen de acuerdo es cuál será el seguro de salud. En estos días las colegas arquitectas hablan de “carácter” y de vino.
Por otra parte en los culebrones que se emiten por TV en la tarde y noche, muchas veces somos exitosos profesionales, galanes y hasta héroes y heroínas.
Es interesante observar que en las tandas de radio se construyen romances entre una señora y un albañil o la cosa viene de cargue en un marco de artefactos y equipamiento sofisticado, que termina en un monoambiente.
Como podemos apreciar en estos pocos ejemplos para la “concreta”, para asesorar, para reparar, para impermeabilizar o comprar no somos necesarios, al revés, somos absolutamente prescindibles. En cambio, para los romances de comedia o pieza publicitaria somos el vehículo ideal.
No hace tanto, los políticos se comunicaban con las masas a través de la palabra directa desde el estrado, ahora es necesaria la de los politólogos. Es a ellos a los que creemos, son los intermediarios entre el político y la gente que los elige. En el fútbol hay más intérpretes que jugadores, vemos los partidos según el comentarista de preferencia.
A nosotros nos toca ser interpretados por una suerte de especialistas que nos asigna el lugar social del colectivo arquitecto. Si somos tapa de revista o doble página central mejor. Nuestro pensar, sentir y hacer está siendo rehén de este aparato publicitario que desvirtúa y crea una imagen alejada y distorsionada de nuestros roles. Roles de servicio, de compromiso de personas comunes preocupadas por casi todo, que son mostradas como vacías y frívolas.
Pienso que no estamos en buenas manos, pienso que estamos en manos del use y tire. No somos moda, no somos los que quieren que seamos, no somos vehículos para los más variados impulsos del consumismo.
Con otras profesiones por lo menos disimulan y cuando publicitan medicamentos o dentífricos, estos son promocionados por aparentes médicos y odontólogos. Hasta los veterinarios promueven comida para perros y gatos. Parece que nosotros no sabemos nada de los materiales y procedimientos con los que trabajamos.
Debemos redoblar y romper esa doble interpretación que han facilitado y propiciado los publicistas, en contra de una ética y un rol. Un vínculo franco y de servicio que teníamos y tratamos de mantener con la sociedad. Cada vez nos muestran más lejos de los problemas reales, cada vez más lejos de lo concreto.
El peligro es que nos creamos que esos son nuestros lugares en la sociedad. Nuestro ego lleno, nuestro compromiso perdido y nuestros bolsillos vacíos. Así no vale.
Un abrazo, Rubens.
Arriba
|