Democracia y políticas urbanas
"¿Qué democracia? La etimología no resuelve todos los problemas de contenido, pero a veces ayuda a pensar. Democracia: dêmos y krátos, kratos del dêmos, el poder del pueblo- como la aristocracia es el poder de los áristoi, los mejores, los nobles, los grandes; como la autocracia es el poder de autós, de sí mismo, de quien no tiene que rendir cuentas a otro o a otros. ¿Dónde vemos hoy el poder del pueblo?"
C. Castoriadis, "Figuras de lo pensable"
"...las ciudades pertenecen a los ciudadanos y no a los agentes inmobiliarios, ni a los políticos, ni a los arquitectos..."
Mike Storey, Alcalde de Liverpool, Inglaterra
¿Tenemos una filosofía política para la ciudad-aglomeración?
Creo que puede responderse claramente que no, no existe una filosofía política para las aglomeraciones urbanas y consecuentemente no hay políticas urbanas como respuesta a los problemas que surgen de la sociedad actual; la situación, es necesario puntualizarlo, no es exclusiva de nuestro país, pues ello ya es tema de discusión en el resto del mundo, incluyendo los países más poderosos de Europa y América del Norte. Para acercarse mas concretamente al tema que pretendemos exponer, son válidas algunas consideraciones generales: un proyecto urbano contiene formas urbanas que definen aspectos arquitectónicos, desarrollos circulatorios, polos urbanos, etc., que, deliberadamente o no, determinan una intervención del Estado en lo estructura social; cuando se concreta un proceso de proyecto, ello implica lógicamente una organización temporal de acciones, que pueden afectar aspectos sociales, políticos, estéticos, económicos, y que requieren sin dudas la presencia de la ciencia política, la sociología, la arquitectura, la antropología, conocer la herencia de la historia urbana, dar respuesta a los problemas actuales y la definición de un futuro posible y deseable.
Si además esa filosofía debe respetar los actualmente aceptados valores de la democracia, hay otras preguntas: ¿como nos situamos, autoridades y profesionales en las decisiones sobre las aglomeraciones urbanas?- ¿en qué medida, participación y gobierno incluyen al ciudadano? – ¿los “guetos” con su exclusión social permanecerán o aun se acrecentarán en el Uruguay del siglo XXI?- ¿es un ideal la mezcla de grupos sociales?- ¿existen los espacios públicos adaptados a esa mezcla?- Un ministro francés, Alain Juppé, en 1996 afirmó: “La ciudad es y ha sido siempre el hueco donde se funden nuestros modos de vida. [...] Su fuerza es la riqueza de los cambios culturales, sociales, económicos, que irrigan su vitalidad. Perder la mezcla urbana es perder el sentido de la ciudad”; sin embargo, está probado que la proximidad espacial solamente, no elimina la distancia social entre grupos e individuos y por el contrario, a veces aumenta las tensiones y acentúa los procesos de distanciamiento social.
No debemos tampoco olvidar sectores que, aun siendo muy vulnerables, son decisivos para conformar la estructura de una ciudad, por ejemplo, los vinculados a la educación, fundamentalmente los más populares: -¿La escuela pública, que hereda un cuadro urbano, ella también no contribuye a hacerlo? Además, a pesar de la unidad formal de las escuelas, y de la vocación y del entusiasmo de los docentes, la composición social del establecimiento pesa fuertemente en los resultados individuales y también incide en la escala social de la zona. Las políticas escolares son también políticas urbanas en el pleno sentido de la palabra, y es necesario reconocer que, efectivamente, la escuela no solamente hereda el cuadro urbano, sino que ella también participa en su definición.
Otro hecho importante que debe agregarse es la actitud generalizada de las autoridades e instituciones que intervienen: si observamos las “soluciones” técnicas y administrativas aplicadas en las áreas urbanas, podemos constatar que la sociedad, impulsada por la autoridad y sus “expertos” se inclinó, más que a resolver los problemas, a desvincularse de ellos...Lo demuestran las costosas soluciones arquitectónicas y técnicas que, para eludir factores de inseguridad, llevaron a la creación de “parques privados”, torres “amuralladas” para los sectores privilegiados, lo cual fue acompañado de “ fronteras policiales” para las barriadas pobres, con medidas represivas, todas “soluciones” que acentúan la segregación social y con ellas, introducen la exclusión y la violencia ( W.D., “El miedo y la ciudad”, Boletín SAU, julio 2002). Un sociólogo norteamericano (Loïc Wacquant) logró una síntesis precisa de la situación:
“A la atrofia deliberada del Estado social corresponde la hipertrofia del Estado penal.”
Pero es necesario sumar a lo anterior y que se presenta muy frecuentemente en nuestra sociedad y a todos los niveles, un sentimiento que hoy ya es universal, como lo denuncia el filósofo Jean Baudrillard:
“El odio: en lugar de deplorar el resurgimiento de una violencia cívica, deberíamos ver que es nuestra propia modernidad, nuestra hipermodernidad, la que produce este tipo de violencias y sus efectos especiales, entre los cuales también se halla el terrorismo...se halla de algún modo en potencia en la pantalla y en los media, que fingen grabarla y difundirla, pero que en realidad la preceden y estimulan”.
...“La actualidad propone una crónica cotidiana de esta violencia: adolescentes que asesinan a sus padres, violencia de niños contra otros niños, violencia adolescente suburbana...Todos estos episodios son inexplicables en simples términos de psicología, de sociología o de moral. Ahí hay otra cosa, que viene de la ruptura misma del orden biológico y del orden simbólico.”
¿Una nueva cultura del proyecto urbano?
Estoy convencido que es urgente plantearse una nueva actitud ante todo proyecto urbano, actitud que fundamentalmente, debe considerar las realidades sociales, económicas, educativas y las situaciones circunstanciales, pero fundamentalmente escuchar a quienes las viven.-
En Francia, por ejemplo, han surgido reacciones que reafirman lo expuesto anteriormente: al preguntarle al arquitecto Michel Corajoud, Gran Premio de Urbanismo 2003, ¿cuál es vuestra concepción de la renovación urbana en los barrios sensibles?, se recibió esta respuesta: Me siento impotente frente a ese problema. Trabajo últimamente en el barrio de Los altos de Rouen y...¿qué puedo hacer como paisajista?; entonces detuve mi misión. ¿Cómo quiere Vd. pacificar un sector donde las tres cuartas partes de la población está desocupada? Roban autos, hacen merodeos, etc., a lo cual la sociedad responde con barricadas, estacadas...Entonces el problema es social: la solución es política, no espacial".
Por su parte, el también Gran Premio de Urbanismo de Francia (2004), Christian de Portzampac expresa su alarma “sobre el desarrollo de urbanizaciones, tanto en Estados Unidos como en las favelas de Río, y también recientemente en China: las ciudades securizadas o privadas son una suma de egoísmos donde no hay espacios públicos”.
Lógicamente, ya han surgido planteos populares y reacciones de las autoridades ante algunos procesos urbanos, y podemos señalar un ejemplo excepcional, y muy actual, el planteado por la propuesta de remodelación de “Les Halles” de París: la destrucción controvertida de los “halles” de Baltard, las modalidades de la decisión pública de los años 1970, impuesta desde arriba y aun la duración de dos decenios de la obra, quedaron grabadas en la memoria colectiva; el gobierno de la ciudad de París tenía previsto resolver una propuesta de acondicionamiento de la importante zona sobre la base de un proyecto aprobado luego de un concurso entre cuatro equipos de arquitectos. Pero la opinión pública reclamó su derecho a intervenir, y en función de ello, las autoridades de la ciudad postergaron la decisión, prevista para junio de 2004, con la finalidad de lograr tiempos que facilitaran los siguientes pasos, hoy en proceso, para un debate verdaderamente amplio: primero, un tiempo para escuchar a todos los involucrados directa e indirectamente; en segundo lugar, tiempo para madurar una decisión y finalmente dar tiempo a la apropiación pública del proyecto; en suma, lograr el debate público y posibilitar un consenso antes de la decisión política.
Cabe aclarar algunos aspectos del problema de “Les Halles”, que son significativamente complejos: hay 7000 vecinos estables y circulan 800000 habitantes temporales por día, de estos últimos la mayoría no son parisinos, de donde la primera pregunta: ¿qué cohabitación posible? Los residentes, defensores legítimos de los intereses locales se expresaron ampliamente, pero su legitimidad es relativa para la mirada de los múltiples y silenciosos habitantes temporarios del centro de París y también de las silenciosas y desconocidas generaciones futuras. Por ello la necesidad de un diálogo social amplio y abierto.
En Montevideo, acciones de la autoridad en la “ciudad vieja”, a una escala mucho menor que París, al parecer más fácil de resolver, un primer debate entre vecinos y autoridad culminó (¿?) a “los piñazos”...
En un clima tan difícil como el que hoy existe en toda aglomeración urbana, evidentemente la acción es muy compleja , pero también es imprescindible comenzar a dar los primeros pasos: el proyecto urbano debe ser un proyecto concertado; debe respetarse la vida cotidiana de loa habitantes del barrio todo a lo largo de la obra a realizar, las transformaciones deben ser a corto término y es importante respetar las hipótesis de evolución del lugar, y tema esencial, preservar firmemente el espacio público-
Una arquitecta venezolana dedicó su principal actividad a la “rehabilitación de los barrios” y logró hasta una conferencia internacional, donde se admitieron algunas realidades: para la lucha contra la exclusión social, no basta únicamente con dispositivos de ayuda en gran parte financieros y no hay ningún avance sin la participación de los mismos excluidos, ya que las formas modernas de exclusión no se reducen solamente a la situación de pobreza material, pues existen también exclusiones culturales; la descentralización agravó en algunos puntos la segregación social; no hay ningún problema de sociedad que pueda ser tratado a un solo nivel, y aunque los problemas parezcan por todas partes los mismos, sus soluciones son siempre específicas...
Y se agrega, un tema difícil de resolver: la incapacidad de las autoridades a reformarse, autoridades que dejen de ser los aristoi (los mejores, etc.) o los autós (el único)...sin olvidar incluir en esa observación, claro, a los expertos involucrados...
La situación actual de nuestras aglomeraciones, además de grave y también urgente, no admite una fácil concreción y por ello el debate debería ser abierto desde ya, para lo cual aventuramos resumir algunas observaciones que estimamos válidas para establecer una nueva cultura del proyecto urbano:
- No partir de la densidad y de lo construido, sino de la vida contemporánea, de su diversidad, de la realidad. Reconstruir, eslabón por eslabón, la larga cadena de instituciones, agentes, políticos, expertos, medios de comunicación, que intervienen en la renovación urbana en lo social, en las prácticas profesionales y en la organización del Estado.
- Rechazo de la exclusión. Reconciliar lo humano y lo urbano. Dar capacidad a los habitantes de participar, de ser actores de su propia vida urbana.
- Respetar las riquezas del pasado, si ellas son parte de la cultura ciudadana.
- Recibir las iniciativas locales en los barrios sensibles, analizar la decadencia de las áreas centrales y el empobrecimiento de sectores. Controlar la concentración de financiamientos en áreas privilegiadas, vinculando a esas áreas las políticas escolares y los procesos de cohesión social.
-Fijar un tiempo para los proyectos que posibilite escuchar, madurar, informar, debatir.
Ya se discute a nivel internacional, terminar con los “planes de renovación urbana”, ajenos a las actuales exigencias de las aglomeraciones humanas, y generar en su lugar un desarrollo territorial solidario hacia la cohesión social.
¿Será posible en el Uruguay iniciar el camino a un debate sobre estos temas?
Arq. Walter Domingo Arriba | Volver
|