Sociedad de Arquitectos del Uruguay 
 
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Un Caso: Solís

Participación del arquitecto en la reorganización de lo vecinal

En 1992 hubo una gran sequía en Solís. Los pozos de agua particulares estaban contaminados o simplemente secos. Los vecinos pedimos el servicio de agua potable a OSE. Pronto nos dimos cuenta que por algo ya habían pasado 80 años sin que esa persona jurídica estatal brindara el servicio. Siempre habría poblaciones con urgencias mayores a las nuestras. Y con más votantes. Nunca le tocaría el turno a Solís. Y tampoco encontraríamos la solución mediante empresas privadas. Siempre habría poblaciones con mayor densidad que la nuestra. Y una conexión cada 80 metros no da ganancias. Entonces, el único camino que nos quedaba era ejercer la autogestión vecinal descentralizada y participativa. Eso es lo que hicimos. No buscamos ganancias, pero no tenemos deudas, y el sistema funciona cada vez mejor.

¿Cómo fue posible? Como todos sabemos, cada vecindario tiene sus necesidades propias. Lo que no es tan sabido es que cada vecindario también tiene sus recursos propios. En la población hay grandes capacidades que aparecen sólo si hay confianza en que van a ser fructíferas. Recién entonces esas potencialidades vecinales subutilizadas se ponen en funcionamiento, despiertan y se hacen efectivas. Y si las necesidades vecinales se satisfacen, vivimos mejor, y siendo así, el dinero emitido por el estado rinde más. De modo que la utilización de los recursos vecinales para resolver los problemas vecinales es una buena solución técnica. El arquitecto-urbanista residente en el lugar puede ayudar a sus vecinos explicando todo esto.

Nuestro vecindario no funcionaba bien. Aunque sería una exageración decir que no funcionaba en absoluto. Lo vecinal existe y va a existir siempre, porque es una dimensión ineludible de lo humano, se atienda o no se atienda. Pero en la medida de que no se atienda bien, no funciona bien. Y ello es porque hay algunas personas tan individualistas que son ciegas a las necesidades comunes del vecindario y las desprecian, o las usurpan. Y porque también hay otras personas tan centralistas que son ciegas a los valiosos recursos propios de lo vecinal y los desprecian, o los usurpan. Y ese es un grave error, pues lo vecinal está dentro de la realidad total del país, ¡pero no deja de tener su realidad propia!

Como queríamos comprender qué era lo que sucedía en nuestro vecindario, lo primero que hicimos fue lograr información documental en la escala adecuada. O sea, información a escala vecinal. El arquitecto, al proporcionar a la población este sencillo principio lógico, ya está colaborando. En nuestro caso obtuvimos planos municipales, a escala 1/2000. También planos con alturas del terreno, fotos aéreas y fotos de las calles. Y así, en copias de esos planos graficamos distintas informaciones. Por ejemplo, en qué calles había árboles, quienes no tenían agua o electricidad, donde estaban los focos de luz del alumbrado público, donde viven los niños que necesitan más ayuda, cuál es el recorrido de basurero (porque siguiéndolo se puede hacer una inspección exhaustiva y rápida del lugar), los comercios, las fuentes de trabajo, la cartelería existente, y muchos temas más.

Desde luego, la información documental no alcanza. Hay que vivir el lugar. Caminar y descubrir el patrimonio y funcionamiento vecinal es cautivante. Conversar y ubicar en el tiempo las cosas nos ayuda a entender y apreciar mejor la realidad. Por ello, siempre estuvimos fuertemente vinculados a nuestra escuela, intercambiando información sobre el lugar y su historia. También mantuvimos un pequeño periódico vecinal, en el cual una de sus secciones era el rescate de la historia y patrimonio vecinal. Además, cada tanto convocamos a un concurso de fotos antiguas, o de dibujos sobre el lugar, etc., lo cual, lentamente, va agrandando esa base de datos de lo vecinal.

Pero toda esa información documental y vivencial tampoco alcanza. Hay que saber cómo ordenarla y cómo usarla para planificar. Organizar siempre es buena inversión. Todo este trabajo debería profesionalizarse mediante especialistas en información y acción vecinal, a los cuales podríamos llamar: Organizadores Vecinales. Algo de eso ya existe, pues en nuestro país hay sociólogos, urbanistas y ordenadores territoriales altamente capacitados. Deben ser llamados a asesorar en cada barrio. Pero, siendo que los vecindarios son miles, y que los sociólogos y urbanistas son muy pocos, es normal que éstos se dediquen a las escalas mayores del país. Esto puede resolverse solicitando asesoramientos ocasionales, y luego, preparando profesionales de lo vecinal. Pero aún en tal caso, ni es necesario, ni se podría pagar su tiempo completo, por lo que no hay manera de que, en cada uno de los muchos miles de vecindarios, un profesional de lo vecinal pueda tener la mejor visión integral desde dentro de lo vecinal. Y menos pueda tener la hermosa múltiple visión de muchos vecinos a la vez, algunos de ellos desde que nacieron. En parte esto se puede solucionar cuando da la casualidad de que en el vecindario vive un profesional que desee colaborar con la comunidad.

Documentarse, vivir el lugar y profesionalizarse tampoco alcanza. La población debe participar. Tan importante como la participación del profesional, es la concientización en la población de lo propiamente vecinal. Es necesario que muchos vecinos tengan claro qué es y cómo funciona el vecindario. Hay que hacer campañas de sensibilización vecinal. Que cada cual lo atienda y lo sienta como propio. Mi plaza es mía sin dejar de ser de los otros vecinos. Comprender al otro, comprender a los otros, concebir lo comunal. La población debe hacer conciencia no sólo de lo abstractamente comunal de las grandes escalas (como lo son las intendencias, el país y el mundo), sino también de lo palpitantemente comunal, al alcance vecinal de cada uno.

Esa conciencia de lo vecinal va de la mano con el uso de cierto lenguaje vecinal: Plaza, baldosa de la vereda, esquina, cuadra, manzana, escuela, farmacia, almacén, club del barrio, parada, baches, el farol de mi calle, los nombres de mis calles, el olor de mis árboles en otoño, el silencio del amanecer, el mandado, conversar con los amigos de la cuadra, la defensa de la fauna y la flora cercana, y mil expresiones más. Cuando hablamos de lo estrictamente personal se usan otras palabras y conceptos. Cuando hablamos de lo estatal central, el lenguaje y los conceptos tampoco son exactamente iguales.

A lo largo de los años los vecinos fuimos haciendo un buen acopio de toda esa información. Naturalmente, nadie va a esperar tanto tiempo para empezar a resolver los problemas. Hay partes del diagnóstico tan claras y chocantes que se pueden empezar a resolver casi inmediatamente. Eso implica que hay que esbozar una estrategia del cambio, con un camino viable para lo urgente, y con un camino viable para los objetivos a mediano y largo plazo. Hay que actuar en varias escalas de tiempo. Y ese accionar necesita de algún tipo de organización formal. También en esto, el aporte del profesional a los demás vecinos es muy útil. En el caso de Solís, fundamos una Asociación Civil sin fines de lucro (SOLYAGUA). Pero podría haber sido algún otro tipo de asociación. Quizá haya que diseñar un nuevo formato legal de organización social que podríamos llegar a llamar: Junta Vecinal. Esa sería una buena manera de reconocer la existencia de esta escala descentralizada y cotidianamente participativa de lo estatal. Esto es una materia pendiente en el marco legal uruguayo. Pero mientras esa figura legal no exista, bien pensada y bien experimentada, es conveniente usar alguna de las existentes. Sin estas formalidades se hace imposible contratar, tener personal, abrir cuentas, y tomar libremente responsabilidades.

Para cambiar la situación vecinal se plantearon algunos principios de trabajo que resultaron muy eficaces. Recuerdo algunos:

  •  Mostrar a los vecinos la realidad de lo vecinal mediante documentos en la escala adecuada. Informar, remarcar, sensibilizar, exponer. Todos deben ver los documentos vecinales, no deben quedar guardados en un cajón.

•  Conversar y acordar con los vecinos cuales son los problemas vecinales, los graves y los leves, todos.

•  Una vez que está claro cuales son algunos problemas, apoyar una actitud digna , consistente en buscar resolverlos. No dejarlos pasar, ni pedirle al Estado central que nos resuelva todo, si está al alcance vecinal resolverlos directamente.

•  Utilizar los procedimientos más democráticos y participativos posibles. Con normas formales democráticamente consensuadas. No excluir jamás a nadie por ningún prejuicio, y tampoco otorgar prerrogativas. Lograr el diálogo entre vecinos con diversos intereses.

•  No exceder la escala vecinal. Respetar a los otros vecindarios sin crear fronteras. Respetar las atribuciones de las instituciones a escala mayor. No asumir tareas que ya están en manos de otras organizaciones. Y si los vecinos asumen tareas que deberían ser ejercidas por otras instituciones, hacerlo con su permiso y provisionalmente hasta que las asuman quienes correspondan. Lo cual no quiere decir que no hay tareas propiamente vecinales erróneamente usurpadas por instituciones centrales. Respetar las ordenanzas municipales, leyes y Constitución, o sea, toda la normativa de las otras escalas. Pero ir creando la propia normativa vecinal.

•  No solicitar que instituciones en otra escala resuelvan los problemas vecinales, sino sólo en la medida que no hagan desaparecer la libertad y la responsabilidad vecinal. Hacer convenios con el MTOP, con la Intendencia, con la Junta Local, pero siempre poniendo gran parte del esfuerzo. El esfuerzo se mide con dinero pero también con iniciativas, con encontrar soluciones y con no pretender que otros se pongan a pensar la solución de nuestros problemas.

•  Respetar completamente a las escalas menores, los grupos humanos, las familias, las personas, pues sus derechos son intocables a menos que lesionen los derechos vecinales. Pero el respeto entre lo vecinal y lo personal debe ser mutuo . Por ejemplo, los vecinos no pueden aceptar que una persona cerque su vereda como si fuese propia, o que eche aguas servidas a la calle.

•  Y del mismo modo, debe haber una relación mutuamente respetuosa con las escalas mayores. Por más que lo departamental y lo nacional tenga prioridad, no son admisibles las actitudes despreciativas hacia los vecinos. No puede venir un ministerio o una gran empresa, estatal o particular, y poner algo en el barrio que lo destruya, por más interés general que haya. En nuestro caso, quisieron desviar la ruta Interbalnearia partiendo en dos nuestra planta urbana. Naturalmente, salimos todos a reclamar contra semejante abuso. No la pusieron. Pero nos pusieron una antena enorme de ANTEL, y ahora otra más, de una empresa privada, sin preguntarnos nada, en medio del balneario. A veces el planificador de un organismo gubernamental a gran escala, honestamente preocupado por el interés común de la nación, se olvida que también existen personas y vecindarios adonde va a operar, y los atropella miserablemente. Los diálogos y las audiencias públicas sobre impacto ambiental deben convertirse en algo normal y respetado. Cada vez que un organismo del gobierno central o una gran empresa realiza una operación inconsulta en un vecindario, muchos años de esfuerzos por la descentralización y por la participación popular son popular son destrozados en un minuto.

•  Todo se debe organizar a escala adecuada. Ni más grande, ni más chico que lo necesario. Esa es una de las bases de la eficiencia.

ENTRADAS Y SALIDAS

Con muy poco dinero se puede hacer, a lo largo de los años, una enorme cantidad de mejoras en un vecindario. El secreto es hacer más que lo que se destruye. En nuestro caso administramos un servicio vecinal de agua (SOLYAGUA), junto con el cual cobramos para Obras Sociales y Ambientales $ 28 mensuales por padrón. Son unos $ 7 por vecino. Otros vecindarios pueden financiarse de otro modo. Hay muchos caminos sustentables para lograr ese dinero imprescindible. En cualquier caso deben ser recursos genuinos, que todos los paguen por igual. ¡Y con gusto! Porque se hace más que lo que se cobra. Inclusive podría haber apoyo económico de instituciones a mayor escala, pero nunca es conveniente que sea demasiado, porque entonces la labor vecinal se hace dependiente.

El presupuesto de gastos es aprobado en cada Asamblea Anual (somos 440 socios):

 

•  Para la escuela . Fotocopias gratis. Agua gratis. Vajilla y utensilios escolares. Cocina o aspiradora. Cuatro cajones por semana de fruta y verdura para el comedor escolar. Premios para campeonatos. Cuando se puede, cursos de computación, manualidad o idiomas.

•  Obras sociales . Agua gratis para el 1,8 % de los vecinos, o sea, para los más claramente desamparados. Financiación a 10 años sin intereses para las conexiones de familias de bajos recursos (13 % de nuestros socios). Biblioteca pública pequeña, pero con libros que no puede comprar un vecino. Videoteca cultural. Colección de CD. Entrega de semillas, plantas, libros, y otras cosas a los socios. Canasta de alimentos en julio para todos los niños del vecindario, a veces con bolsas de papas, contra entrega de certificado de visita al odontólogo y de pequeñas tareas comunitarias. Conjunto de ropa para todos los niños. A veces mantas. Colaboraciones con la policlínica local. Colaboraciones mutuales en caso de enfermedad o fallecimiento. Fotocopias gratis para instituciones vecinales y para estudiantes. Pago del profesor de gimnasia para un grupo de adultos mayores. Compra de libros sobre artesanías, pequeñas producciones y huertas vecinales.

•  Obras ambientales . Plantamos unos 250 árboles por año en las calles. Van unos 2000. Algunos los entregó la Intendencia. Los cuidamos, los carpimos y los reponemos. Ponemos carteles con el nombre de las calles. Luego de varios años, ya logramos que haya dos carteles por calle. Carteles en defensa de la fauna y de la flora. Carteles indicando patrimonio histórico y natural. Asientos de troncos en paradas de ómnibus y en los mejores paisajes. Carteles botánicos con el nombre de los árboles. Una docena de hidrantes para los bomberos, y 250 metros de mangueras que ya han ayudado a apagar varios incendios. Instrumentos para los bomberos. En épocas de sequía los vecinos hacemos recorridos de vigilancia para detectar incendios. Los canastos para basura en muchas esquinas han ayudado a que el vecindario esté limpio. También pagamos a una persona que limpia las playas, y a otra que limpia las calles y plazas. Acondicionamos, a nuestro costo, una de las plazoletas vecinales con pérgolas, árboles, patios, asientos, etc. Tenemos un carro de paseo para los vecinos.

•  Servicio mejorado de agua . Tenemos la mejor calidad de agua del país, certificada por los organismos correspondientes. Los certificados de los análisis del agua los tenemos a la vista. No tenemos cortes de agua. No tenemos perdidas permanentes de agua. Aún incluyendo las Obras Sociales y Ambientales, tenemos tarifas 20 % más bajas que OSE de la zona balnearia. La atención al socio es 360 días al año. Todos los meses se toma el consumo en todos los medidores, no necesitándose promediar. Y mil mejoras más para el vecino.

Resumiendo, los vecinos organizados descentralizada y participativamente pueden lograr cambios notables en su vecindario a un costo ínfimo de dinero y no mucho esfuerzo. La prueba está. Y a mediano plazo la mejora de lo vecinal se convierte en una mejora en la calidad de vida de cada uno de los vecinos. Ello es un semillero de participación y de colaboración social. Sin olvidar que, al lograrse una mejor conciencia de lo común, las relaciones entre las personas se hacen más amigables, menos tensas. Se produce un gran cambio cultural. Cambian las costumbres humanas y hasta las de los animales. Ahora se acercan a los humanos. La dignidad del vecino se ve favorecida, pues comprueba que puede hacer algo para mejorar, si trabaja hombro con hombro. Y, como resultado global, puede haber un gran cambio en el auto-respeto nacional y en el respeto internacional al país. Nos veremos de otra manera.

Y todo eso no le sale un peso al Estado central.

Arq. Dardo Bardier

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