El Arq. Daniel De León hace un repaso por el prestigioso galardón y señala las desigualdades de género a lo largo de su historia.
Marzo se asocia a las mujeres, sobre todo, por el 8 de marzo: Día Internacional de las Mujeres, que no es una celebración sino una conmemoración de luchas históricas, haciendo referencia a las conquistas, pero también desigualdades persistentes.
El Pritzker se anuncia casi siempre en marzo, y resulta por lo menos interesante observar que desde su creación en 1979 y hasta 2004, ninguna mujer había sido reconocida individualmente con dicho premio. De alguna manera, reflejo de la manifestación de una asimetría estructural, en este caso, en el campo de la arquitectura.
Este marco temporal (marzo) es una buena oportunidad para hacer lectura crítica de un galardón que estuvo históricamente asociado a la consagración individual, masculina y heroica de la disciplina.
Si bien el anuncio anual del Premio Pritzker adquiere una resonancia particular cuando se lo analiza en diálogo con las discusiones críticas sobre género y poder en la arquitectura no podemos soslayar que también ha actuado como dispositivo de consagración que auténticamente ha operado mediante múltiples filtros de exclusión y jerarquización.
Un poco de historia
El Premio Pritzker es el galardón más importante en el campo de la arquitectura y es otorgado a un arquitecto(a) vivo cuya obra construida «ha producido consistentes y significativas contribuciones a la humanidad a través del arte de la arquitectura», según explica la organización. Por esto, el Jurado premia a personas naturales, no a oficinas, tal como sucedió en 2000 (Rem Koolhaas en vez de OMA), 2001 (Herzog & de Meuron), 2010 (SANAA), 2016 (Elemental) y 2017 (RCR Arquitectes), premiando a sus fundadores (como es el caso de SANAA), o bien, a uno de ellos (Elemental).
Este premio es una iniciativa de Jay Pritzker a través de la Fundación Hyatt organización asociada a la compañía hotelera homónima (1). Su primera edición fue en 1979, donde se premió al arquitecto estadounidense Philip Johnson, ícono de la arquitectura del movimiento moderno.
Hasta hoy, el Premio Pritzker de Arquitectura ha sido otorgado cada año desde su creación lo que significa que acumula 47 ediciones completas desde 1979 hasta 2025 inclusive y con la edición de 2026 se llegará a 48 ediciones sin interrupción.
Veintitrés son los países con al menos un arquitecto o arquitecta ganador(a). En la mitad de las ediciones el premio recae en un europeo; América, Asia y Oceanía se distribuyen las otras premiaciones, mientras que en 2022 Diébédo Francis Kéré, burkinés nacionalizado alemán, se convirtió en el primer arquitecto africano en ganar el Premio Pritzker.
El escritor y periodista español especializado en arquitectura Llàtzer Moix analizó la evolución de los criterios del jurado con el paso del tiempo y establece tres etapas, que, si bien son interpelables, nos pueden dar un panorama de lo ocurrido en este casi medio siglo de premiaciones. La primera etapa corresponde a aquella en la que los premios fueron otorgados a los clásicos (Johnson, Barragán, Stirling, Tange, y otros); la segunda etapa premió a los integrantes del denominado star system (Gehry, Piano, Foster, Koolhaas, Herzong & De Meuron, Hadid, Nouvel, etc.); finalmente la tercera etapa reconoce a profesionales en cuyas obras han primado las preocupaciones sociales, poéticas, históricas y relacionadas con el medio ambiente (Ban, Aravena, RCR Arquitectes, Doshi, Lacaton & Vasal, Keré, etc.) (2)
En este último periodo señalado, según la caracterización realizada por Llàtzer Moix, aparecieron premiaciones que pueden catalogarse de singulares por su posterior incidencia.
El otorgamiento del Pritzker en el año 2018 al arquitecto indio Balkrishna Doshi de alguna manera señala el viraje del jurado hacia valores sociales, relacionados con la vivienda y la pedagogía en procura de un modelo de desarrollo alternativo, preparando el terreno conceptual para premios posteriores a arquitectas con enfoques no formales.
Otro giro institucional lo encontramos en la distinción recibida por el arquitecto David Chipperfield en el año 2023, donde se reconoce su enfoque atemporal, sobrio y funcional de la arquitectura, caracterizado por el respeto al contexto histórico, la sostenibilidad y una presencia cívica discreta pero transformadora. Es así que se refuerzan valores de continuidad, ciudad histórica y responsabilidad cultural, transformándose en un antecedente de pondera prácticas donde las arquitectas tienen fuerte presencia.
Unas pocas. Muy pocas.
Recién en 2004, con la premiación de Zaha Hadid, se produjo un quiebre explícito en la lógica que excluía sistemáticamente a las mujeres como destinatarias individuales del reconocimiento, dejando en evidencia de manera retrospectiva la naturalización de una desigualdad estructural en los mecanismos de legitimación profesional. Resulta más coherente pensar que en lugar de la escasez de arquitectas relevantes la explicación más acertada era la persistencia de un canon disciplinar que privilegiaba ciertas formas de autoría, visibilidad y liderazgo.

Zaha Hadid
En el caso de Zaha Hadid muchos consideran que el premio llegó tardíamente, luego de años de reconocimiento mediático, pero de escasa materialización de obras en sus inicios, y que además se la premió cuando encajó en la figura del “genio excepcional”, casi como excepción a la regla masculina. No se evidencia un cambio estructural en el otorgamiento del premio.
A partir de ese punto, y de manera aún gradual y no exenta de tensiones, comenzaron a ser reconocidas arquitectas en formatos tanto individuales como colectivos. Sin embargo, resulta significativo que muchas de las premiadas lo hayan sido en equipos mixtos o colectivos, lo que vuelve a poner en discusión la relación entre género y autoría. La arquitectura, disciplina intrínsecamente colaborativa, ha tendido históricamente a condensar su reconocimiento en figuras individuales; la irrupción de arquitectas premiadas ha contribuido a cuestionar ese modelo, desplazando el énfasis hacia prácticas más horizontales, sociales y contextuales.
En términos de género, solamente otras cinco mujeres, además de la ya nombrada Zaha Hadid (2004), han ganado el galardón.
La japonesa Kazuyo Sejima obtiene el premio en 2010, junto a Ryue Nishizawa (SANAA). Premio compartido como reconocimiento a una práctica colectiva, horizontal, con una estética deliberadamente antiheroica. Sejima sin embargo no es presentada como “arquitecta mujer”, sino como parte de un dúo. Esto representa un punto de inflexión donde el Pritzker empieza a aceptar autorías no individualistas, lo que indirectamente habilita mayor visibilidad femenina.

Kazuyo Sejima
La lista podría tener una integrante más, y el motivo de la ausencia merece ser particularmente destacado. En el año 2012, Lu Wenyu, socia y esposa de Wang Shu, decidió no aceptar el premio a pesar de que la pareja cofundó Amateur Architecture Studio y que desde entonces han trabajado juntos. En una entrevista, realizada por la periodista española Anatxu Zabalbeascoa para el diario El País de Madrid, Wenyu sostiene que su marido habría compartido el premio con ella; simplemente no quería compartir el premio con su esposo declino participar de la ceremonia dando un argumento maravilloso: “En China, si te haces famoso, pierdes la vida. Yo quiero una vida y prefiero pasarla con mi hijo. Allí no acepto entrevistas. Y en países angloparlantes tampoco […]. Me alegra poder hacer arquitectura que creo que ayuda a mejorar nuestras ciudades. Estoy convencida de que hablar de esto despierta interés en los demás, no en ser famoso.” (3)

Lu Wenyu
En 2013, Women in Design, una organización estudiantil de Harvard, y diversas personalidades iniciaron un movimiento para se le reconociera este galardón retroactivamente a Denise Scott Brown, dejada de lado por el jurado al otorgar el Pritzker a su socio y esposo Robert Venturi en 1991. En aquella ocasión, Venturi incluyó a Scott Brown en una larga lista de agradecimientos de su discurso de aceptación, pero sin la correspondiente reivindicación explicita de que el premio debería ser compartido. La petición que fue rechazada por Peter Palumbo, en ese entonces presidente del jurado, quien cerró toda posibilidad al explicar que «un jurado no puede reabrir o criticar el trabajo de un jurado anterior». Cabe acotar además que en 1991 Denise Scott Brown no asistió a la ceremonia.

Denise Scott Brown
En el año 2017 el galardón se otorga a los integrantes del estudio español RCR Arquitectes, la arquitecta Carme Pigem junto a Ramón Vilalta y Rafael Aranda. El premio destaca la labor del equipo que realiza una arquitectura arraigada al lugar, dándole importancia a la materialidad y al paisaje. Esta premiación refuerza el giro hacia prácticas contextuales y no icónicas. En este caso también la mujer aparece premiada en un colectivo.

Carme Pigem
La del año 2020 es otra edición singular del Pritzker: por primera vez dos mujeres son premiadas juntas sin mediación masculina, la dupla integrada por las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelley McNamara (Grafton Architects). Para otorgar este galardón el jurado tuvo en cuenta su producción en arquitectura pública, educativa y cívica, manteniendo un discurso explícito sobre espacio común, la generosidad urbana y la ética profesional.

Yvonne Farrell y Shelley McNamara
Al año siguiente el premio recae en la dupla conformada por los arquitectos franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal. Es premio a una práctica basada en la reutilización, la actividad en el campo de la vivienda social y la ética del “nunca demoler” que procura la rehabilitación como estrategia más eficiente. Ya no estamos frente a la pura celebración de la forma, sino a una posición política frente al habitar. Lacaton adquiere fuerte visibilidad discursiva, manifestando las ideas de esta dupla de arquitectos que priorizan las necesidades de las personas que habitan la construcción, valorando lo preexistente para mejorarlo, frente a otras alternativas donde se prioriza la estética o la espectacularidad.

Anne Lacaton
Comentario final
En general la arquitectura fue más lenta que otras disciplinas culturales en reconocer la autoría femenina. El Pritzker no ha sido una excepción a la regla, siendo durante décadas el premio más conservador en términos de género, precisamente porque privilegiaba la figura del autor individual, reforzaba el mito del “maestro” y operaba como canon global de la modernidad tardía. (4)
La exclusión histórica de las mujeres en el Pritzker no fue por ausencia de producción, sino por invisibilización institucional.
La inclusión de la mujer se ha dado, a excepción de Hadid, vía lo colectivo. Todas las otras arquitectas premiadas lo fueron en equipos. Si bien este punto tiene un lado positivo, que es el reconocimiento real de prácticas colaborativas, el mismo deja ver una tensión con otro aspecto que ha sido la dificultad para legitimar el liderazgo femenino individual.
El cambio de valores en el paradigma del Pritzker, dejando la iconicidad, la singularidad del objeto y del autor y pasando a ponderar la ética, el proceso y el contexto social redundó en el aumento de arquitectas premiadas.
La inclusión de mujeres no ha sido solo una corrección de género, sino parte de una crisis del modelo moderno de autoría.
El Pritzker, en este sentido, ha funcionado como un termómetro cultural tardío, más reactivo que transformador.
Como hemos visto, la historia del Premio Pritzker y las arquitectas muestra que la “igualdad” no se dio por “progreso natural”, sino por redefinición de qué es lo que se valora como arquitectura.
Cuando el canon del Pritzker se vuelve más ético, social y colectivo es cuando se produce una apertura para las arquitectas puedan ingresar al mismo.
La tendencia indica que el Pritzker continuará priorizando a profesionales que actúen como aliados en los retos globales: mitigación de desastres, reducción de necesidades energéticas, dignidad espacial, trabajo en vivienda colectiva y diseño participativo.
Sería deseable que este galardón recaiga de ahora en más sobre los autores de soluciones replicables a problemas de escasez de recursos y desigualdad.
Y, por las razones expuestas, no será de extrañar que, como consecuencia de esa revisión de criterios de excelencia, autoría y legado, más mujeres aparezcan en la lista de premiados.
Quizás al momento de la publicación de esta nota ya se sepa quién es el ganador/a y se confirme, o no, la tendencia: menos héroes, más procesos; menos objetos, más memoria y ciudad.
Daniel De León
Referencias:
- Jay y Donald Pritzker fundaron la compañía Hyatt en 1957.
- Llàtzer Moix, Palabra de Pritzker. Editorial Anagrama. 2022.
- Entrevista de el diario El País de Madrid. 1/10/2013
- Otros premios (RIBA, Mies van der Rohe, León de Oro, Aga Khan) mostraron mayor plasticidad institucional, permitiendo una incorporación más temprana de mujeres, aunque no necesariamente más profunda.