El Arq. Francisco Collet, responsable de las últimas etapas de restauración de sus fachadas, repasa los trabajos realizados desde 2021, los desafíos técnicos de intervenir en un edificio de estas características y la importancia de conservar su esencia sin perder de vista las necesidades de quienes lo habitan.

A 98 años de su inauguración, el Palacio Salvo continúa reafirmando su lugar como uno de los grandes símbolos de Montevideo. Su silueta forma parte de la identidad visual de la ciudad y aparece tanto en imágenes turísticas como en piezas publicitarias. Para Collet, encargado de las últimas intervenciones de restauración del edificio, ese reconocimiento público confirma una relación que trasciende su arquitectura: el Palacio Salvo es una referencia con la que montevideanos y visitantes se identifican.

Los trabajos de restauración comenzaron en 2021 y continúan desarrollándose por etapas. En ese proceso, uno de los principales desafíos ha sido recuperar las características originales de los revoques y atender los deterioros provocados por el paso del tiempo y la exposición al clima. La intervención abarca una superficie de aproximadamente 10.700 metros cuadrados de fachadas exteriores, entre las torres, el basamento, las galerías y los cuerpos principales. Hasta 2026, se han intervenido cerca de 7.000 metros cuadrados, alrededor del 65 % del total.

En esta entrevista, Collet comparte la experiencia de trabajar sobre uno de los edificios más reconocibles del país, explica los desafíos que implica su conservación y reflexiona sobre las prioridades de cara a su centenario, en 2028.

Entrevista al Arq. Francisco Collet

El Palacio Salvo cumplió 98 años esta semana y sigue siendo uno de los edificios más emblemáticos de Montevideo. ¿Qué significó trabajar en su restauración y qué responsabilidades implicó intervenir en un edificio de este valor histórico y arquitectónico?

El Palacio Salvo no sólo sigue siendo uno de los edificios más emblemáticos de Montevideo, sino que uno se va dando cuenta de que está reafirmándose como un ícono de la ciudad. Se observa en la publicidad, en las referencias turísticas y en distintas imágenes que lo toman como figura representativa. La gente sabe que tiene una significación especial: representa a Montevideo, y todo turista o uruguayo quiere una foto con el Palacio de fondo.

Trabajar en su restauración requiere responsabilidad, pero también genera muchísima ilusión y motivación. El proyecto fue contratado por Palacio S.A. a la Facultad de Arquitectura, donde se realizó un diagnóstico muy detallado del edificio, estudiado por el arquitecto Carlos Pascual. A partir de ese trabajo se llamó a precios y tuvimos la posibilidad de comenzar las intervenciones. Desde entonces, hemos sido contratados en seis etapas sucesivas, lo que nos permitió desarrollar un vínculo muy especial con el edificio.

Hemos vivido sobre sus paredes en primavera, con lluvias, tormentas, calores y vientos. Estamos hablando de unos 10.700 metros cuadrados de fachadas exteriores. Toda esa experiencia y ese contacto con el Palacio Salvo aportan muchísimo, tanto desde lo profesional como desde lo personal.

En las últimas intervenciones, ¿cuáles fueron los principales trabajos de restauración realizados y qué necesidades del edificio motivaron estas obras?

Los trabajos comenzaron en 2021 y, aunque se han desarrollado por etapas y con algunas interrupciones, seguimos trabajando en 2026. Hasta ahora se han intervenido cerca de 7.000 metros cuadrados, aproximadamente el 65 % de las superficies exteriores.

Es importante destacar que la empresa que ejecuta los trabajos, junto con su equipo técnico y sus directores de obra, constituye el último eslabón de un proceso de restauración. Para que una intervención sea posible, primero tiene que existir la determinación de restaurar el edificio y conseguir los medios económicos para hacerlo.

En un inmueble de estas dimensiones, el mérito está en no aflojar en ese esfuerzo y sostenerlo a lo largo del tiempo. Nuestro trabajo se concentra en la envolvente exterior, aunque también se han realizado intervenciones en instalaciones de agua y ascensores.

Cuando un edificio se mejora y se cuida progresivamente, los resultados se hacen visibles con el tiempo. En cambio, cuando se descuida y pasan los años sin que se actúe, el deterioro del patrimonio puede volverse insostenible.

¿Cuáles son los principales desafíos técnicos y constructivos que presenta la restauración de un edificio de estas características, considerando su antigüedad, sus materiales y sus detalles ornamentales?

Uno de los principales desafíos fue elaborar un revoque con características similares a las del original, a partir de los análisis realizados por  el Instituto de Ensayos de Materiales (IEM) de la Facultad de Ingeniería de la UDELAR. Eso implicó buscar arenas específicas y encontrar las mezclas capaces de reproducir el color y las propiedades del revestimiento existente.

Fue un proceso que llevó más de un mes de trabajo a pie de obra, con balanzas de precisión y numerosos ensayos. Finalmente, logramos una solución aprobada por la Intendencia y la Comisión del Patrimonio, con el seguimiento de las autoridades responsables de supervisar la intervención.

A eso se suma una patología común en edificios expuestos a nuestro clima marítimo: la oxidación de los elementos de hierro que se encuentran en el interior de las estructuras. Con el paso del tiempo y la acción de la humedad, las armaduras se corroen y pueden provocar desprendimientos de partes del revoque.

Una de las metas fundamentales planteadas por los supervisores de obra, entre ellos el arquitecto Pascual, fue consolidar las fachadas para evitar que cayeran fragmentos a la calle. El Palacio Salvo está próximo a cumplir un siglo, alcanza unos 100 metros de altura y estamos trabajando a unos 82 metros. La exposición a la intemperie y el deterioro de los hierros fueron factores determinantes en la necesidad de intervenir y en la instalación del vallado perimetral.

Hoy ese vallado ya fue retirado en algunos sectores y seguimos trabajando para poder retirarlo también en el área que da a la plaza Independencia.

El desafío consistió en desarrollar un revoque adecuado, conseguir los materiales, realizar ensayos y alcanzar una solución validada por las autoridades que velan por el patrimonio. Hay una idea que considero fundamental: uno no es dueño de este edificio, sino depositario de algo que pertenece a todos los uruguayos. Tanto quienes intervenimos en él como quienes lo habitan o son sus propietarios tenemos la responsabilidad de cuidar ese patrimonio colectivo.

¿Cómo se compatibiliza la preservación de un edificio declarado Monumento Histórico Nacional con las necesidades de uso, mantenimiento y adaptación que surgen a casi un siglo de su construcción?

Es un edificio que se proyectó para una función y terminó transformándose para otras. Las actuaciones en sus espacios interiores forman parte de su propia naturaleza. El Palacio Salvo ha estado en continua transformación y esa capacidad de adaptación también es parte de su historia.

De cara al centenario del Palacio Salvo, ¿cuáles considerás que son los principales desafíos para garantizar su conservación a largo plazo?

Lo primero es terminar de consolidar el 35 % de la superficie que todavía falta intervenir, para que esa envolvente quede restaurada y pueda mantenerse en buenas condiciones durante los próximos cien años.

Pero el Palacio Salvo es mucho más que un edificio: es una ciudad, una vida, un mundo lleno de riquezas humanas e interacciones. Siempre va a ser un escenario de encuentros. Las ciudades tienen vida y esa vida cambia con sus habitantes. Ningún arquitecto puede limitar esa realidad, que primero es humana y después se expresa en la arquitectura.

Es un edificio maravilloso por su historia y por todo lo que enseña. Sus soluciones responden a distintos momentos y épocas, pero también marcan un camino que debemos respetar. Es positivo que continúe renovándose funcionalmente, siempre que esa renovación no le haga perder su naturaleza y su esencia. El Palacio Salvo debe conservarse y adaptarse, como lo ha hecho a lo largo de su historia.

Las prioridades tienen que ver, ante todo, con la seguridad y la consolidación del edificio. Después vendrán todas las posibilidades y las maravillas que las personas podamos seguir aportándole a este símbolo de Montevideo.

Sobre la mano de obra

Un detalle no menor fue contar con mano de obra uruguaya con mucha idoneidad y experiencia, que permitió trabajar en conjunto con la de la empresa alemana y generar un intercambio de conocimientos. El desafío estuvo en lograr la calidad de las terminaciones, igualar las molduras y sacar los moldes. Toda esa experiencia y capacidad de los trabajadores uruguayos es un motivo de orgullo a la hora de restaurar un edificio de la calidad del Palacio Salvo.