Entrevista con la arquitecta coloniense María Teresa Rodríguez Avelino

Entrevista con la arquitecta coloniense María Teresa Rodríguez Avelino

En el marco del Mes de la Mujer, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay inicia una serie de entrevistas a arquitectas de distintas generaciones y puntos del país. La primera conversación es con María Teresa Rodríguez Avelino, referente en su departamento, que desarrolló una extensa carrera profesional, tanto en el ejercicio liberal como en la gestión pública.

Egresó de la FADU en 1988 y ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en el departamento de Colonia, particularmente en la ciudad de Carmelo. Entre 1996 y 2005 ocupó cargos de dirección en el área de Arquitectura de la Intendencia de Colonia, primero como directora de la Subdirección de Arquitectura Zona Oeste y luego como directora del Departamento de Arquitectura. También trabajó como consultora en diseño y evaluación de proyectos de inversión y coordinó el área de infraestructura del programa PIAI en el departamento. Paralelamente, ejerció la docencia y desarrolló actividad profesional independiente junto al arquitecto Ramón Martinchich desde 1988 hasta 2025, con proyectos en distintos ámbitos, algunos de ellos reconocidos en concursos.


¿Cómo creés que tu arquitectura dialoga con la identidad y el paisaje de Colonia?

Nunca pensé en una arquitectura que imponga una idea personal y avasalle al cliente. En arquitectura doméstica, cuando uno hace una casa, es importante respetar lo que el cliente quiere, porque es su casa. Y con ese mismo pensamiento también se interpreta el lugar. Las comunidades tienen identidad. Yo misma me siento parte de este lugar, entonces trato de hacer obras que respondan a la gente y al entorno, no solo a lo que yo quiero. O mejor dicho: a lo que quiero dentro del contexto del lugar. Creo que cada ciudad tiene identidad. Carmelo la tiene. Y respetar el entorno es fundamental.


Cava Bodega Irurtia -1988

¿Trabajaste con espacios patrimoniales?

Sí. No solo en la esfera privada: estuve nueve años en la Intendencia y trabajé también en Colonia y en otras ciudades del departamento. Patrimonio hay en todos lados, sobre todo en ciudades con historia. Carmelo tiene 200 años. Siempre respetar el patrimonio fue parte del diálogo con el entorno y con la historia. El patrimonio no es solo lo colonial; también hay construcciones de 40 o 50 años que tienen valor. Cuando actuás sobre entornos patrimoniales, hay que seguir lineamientos y respetar lo que forma parte del espacio urbano que nos identifica.

¿Cómo fue pasar del ejercicio privado a la gestión pública en la Intendencia? ¿Qué desafíos implicó?

Siempre me gustó el urbanismo y el ordenamiento territorial. No hice un curso específico, quizás por falta de tiempo: tuve tres hijos y eso, para nosotras, condiciona bastante. Lo digo con orgullo, porque fue una decisión, pero ocupó tiempo. Ir a la Intendencia me permitió trabajar en una escala vinculada a la planificación integral y lo disfruté muchísimo. Mi puesto no fue político partidario, sino técnico. Fue una experiencia muy enriquecedora, sobre todo en la creación de espacios públicos, que es lo que más me gustaba.


Remodelación de la Plaza Independencia, Carmelo -1997

Cuando empezaste a ejercer, ¿cómo era la realidad para las arquitectas?

Éramos muy pocas y no fue fácil. Sobre todo a nivel de obra, con albañiles que no estaban acostumbrados a ser dirigidos por una mujer. Había una mentalidad distinta. Yo reconocía lo que ellos sabían y ellos, de a poco, fueron reconociendo lo que yo aportaba. Así se fue construyendo una relación que mejoró con el tiempo. En principio fue duro. Había resistencia, temor a lo distinto. Hoy eso cambió muchísimo. Ahora evalúan por otras cosas, no por el género. Las nuevas generaciones aceptan más la igualdad. No queremos que nos traten distinto, sino igual, por lo que valemos.

¿Cómo fue combinar vida personal y ejercicio profesional en tu generación?

Siempre es complicado. Aunque tuve cooperación, tener hijos implica un corte en la carrera profesional. Es una etapa que requiere dedicación. No es lo mismo que ser varón, aunque hoy quizás se afronte de manera más igualitaria. Tenerlos y criarlos implica tiempo y energía. Pero se pudo salir adelante y estoy agradecida.


Apartamentos 25 de mayo – año 2014

¿Qué consejo le darías a una arquitecta recién egresada?

Que disfrute la carrera al máximo. Problemas va a haber siempre, como en la vida en general, pero también aparecen las soluciones. Que tengan fe en sí mismas. Tienen más fuerza de la que creen. Si hacen la carrera con vocación, buscando hacer las cosas bien, el sustento va a llegar. A veces veo que algunos jóvenes piensan primero en cuánto van a ganar, más que en la carrera en sí. Creo que si priorizan la profesión y el compromiso, el dinero llega como consecuencia. Es una carrera hermosa y la sigo disfrutando incluso estando jubilada.


Estudio de María Teresa Rodríguez Avelino y Ramón Martinchich

¿Hay alguna obra o proceso que sintetice tu forma de entender la arquitectura?

No tengo una gran obra emblemática. En el interior se hacen obras a escala humana. Disfruté mucho trabajar en bodegas, por su relación con el entorno rural. También me encantan los reciclajes: transformar una casa muy deteriorada y verla volver a ser habitada es muy gratificante. Hicimos reformas en clubes y escuelas, muchas veces con convenios del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Es muy lindo ver el compromiso de las comisiones trabajando para mejorar sus instituciones.

¿Qué herramientas o actitudes son claves para sostener una carrera tan larga?

Saber escuchar. El cliente es quien va a vivir o usar ese espacio. Nosotros interpretamos lo que él quiere. Nuestra profesión tiene técnica y arte, pero no podemos imponer una obra como si fuera solo expresión personal. Hay que poner lo mejor desde lo funcional, lo formal y el respeto al entorno, buscando contemporaneidad, pero en diálogo. La arquitectura, para mí, es diálogo. No es imponer ni hacer borrón y cuenta nueva, sino crecer en armonía.


Casa de María Teresa Rodríguez Avelino

¿Qué huella te gustaría dejar con tu trabajo?

Que cuando vean mis obras digan que ahí hubo una arquitecta. No me importa que sepan mi nombre. Pero sí que se note que hubo alguien profesional detrás, que sabía. Ese sería el mejor legado.

 

 

Con el Arq. Carlos Pesce

Con el Arq. Carlos Pesce

En el marco de la reciente inauguración de obras en la plaza Rosa Luna, conversamos con uno de los integrantes del equipo que presentó el proyecto.

La obra se realizó como parte de la iniciativa “Plazas de Barrio” del Municipio B, que implicó la ejecución de un concurso abierto a anteproyectos y licitación en convenio con la SAU y con el apoyo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República (FADU). Su objetivo fue la puesta en valor y calificación de espacios públicos de escala barrial en el Municipio B de Montevideo.

El proyecto ganador para la plaza Rosa Luna fue presentado por el equipo liderado por los Arq. Carlos Pesce, Guillermo Fernández y Marcela González. De esta manera, se asignó al equipo para la elaboración del proyecto ejecutivo y su construcción junto a la empresa Márquez Alonso LTD.

Conversamos con el Arq. Carlos Pesce sobre las distintas aristas de su propuesta y sobre sus experiencias luego de inaugurada la obra.

¿Cuáles son las características principales del proyecto que presentaron?

El proyecto se planteó algunos objetivos. Primero, teniendo en cuenta la personalidad de Rosa Luna, ya que el espacio público lleva su nombre y la homenajea. Eso llevó a estudiar a la persona. Ahí empezamos a ver que desarrolló muchas actividades en su vida. No solo fue vedette de Carnaval, sino que también fue costurera, militante social, prostituta. Hizo muchas cosas en su vida. Eso nos marcó lo que nosotros llamamos la variabilidad, queríamos que el proyecto reflejara eso. Lo implementamos con las distintas especies verdes que tiene el espacio público y que son cambiantes. Tienen distintos aromas, distintas floraciones. Se van modificando a lo largo del año. Esa es una manera de marcar la personalidad de Rosa Luna en su espacio. 

Otra cosa que nos llamó mucho la atención fue la vista que tenía el lugar. El concurso marcaba ocho espacios públicos y podías elegir cuál intervenías. Nosotros recorrimos todos para ver a cuál nos presentábamos, cuál era el que nos parecía más interesante. Y llegamos a la conclusión de que era este, porque tenía unas vistas a la Rambla de Montevideo, otro espacio público muy significativo para todos los montevideanos, que estaban buenísimas. Tenía vistas al mar. Y también nos interesó que en la plaza que existía eso quizás no estaba tan potenciado. 


Inauguración de la plazoleta Rosa Luna/Municipio B

¿Hubo algún otro aspecto que ya estaba presente en el espacio público que los haya condicionado? 

También quisimos mantener todas las actividades que tenía el espacio público que estaba. Tenía un espacio verde o para estar, más típico de plaza, de encuentro. Y otro que era de actividad deportiva. Había una cancha entera de básquetbol y de fútbol, que ocupaba un espacio muy grande, casi el 70% de la superficie. Quisimos mantener las actividades, pero también ganar espacio verde y un lugar que nosotros llamamos el balcón hacia la Rambla. Manteniendo esas actividades, redujimos el área dedicada al deporte, hicimos una cancha de básquet 3×3 y quitamos la cancha entera. Eso nos generó más espacio para estar y espacio verde.


Plazoleta Rosa Luna. Foto: Nicolás Celaya/adhocFOTOS para Municipio B

Los integrantes de este equipo que se formó, ¿ya habían trabajado juntos? ¿Se habían presentado a algún concurso antes? 

El grupo que se formó está integrado por el arquitecto Guillermo Fernández, estuvo como colaboradora la arquitecta Marcela González y tuvimos tres asesores: Victoria Pesce, técnica de Áreas Verdes, la arquitecta Viviana de los Santos, en Accesibilidad Universal, y la arquitecta Soledad Suanes, asesora de Iluminación. En realidad, nunca antes participamos en un concurso. Es una instancia que, personalmente, me copa mucho el concurso de arquitectura. He participado en los concursos de Arquitectura Rifa cuando era estudiante y siempre fui de buscar, tratar de armar equipos para poder concursar. El equipo se formó específicamente para este concurso. 

¿Qué es eso que te gusta de los concursos de arquitectura y particularmente qué te atrajo del de Plazas de Barrio?

De los concursos, lo que me gusta es que de alguna manera jugás todavía a lo que es el trabajo de taller en la facultad, que capaz que no lo podés tener con un cliente particular. Además, implica estudiar mucho. Genera una adrenalina de saber cómo te fue. Después viene el comentario vinculado a tu proyecto. Es una instancia súper interesante. En Plazas de Barrio, lo que nos gustó muchísimo fue el hacer espacio público, con todo lo que eso implica, que estás generando un pedacito de ciudad y estás generando un espacio para todo el mundo, para quien se lo quiera apropiar. 


Entrega de premio en SAU

¿Cómo buscaron ese equilibrio entre estética y funcionalidad para los vecinos?

El proyecto está organizado mediante un módulo de cuadrados de un metro y medio por un metro y medio. Esto lo que nos permitió fue generar recorridos con accesibilidad universal. Todo el espacio de la plaza está organizado en base a ese módulo.


Plazoleta Rosa Luna. Foto: Nicolás Celaya/adhocFOTOS para Municipio B

¿Cómo fue ver la plaza ya inaugurada? ¿Después pasaron y vieron qué uso se les está dando por parte de los vecinos?

Primero fue una gran alegría, porque ver materializado algo que tenés en tu casa en un cuaderno de croquis o de esbozos, que es como nace cualquier idea de un proyecto arquitectónico, está buenísimo. Voy bastante a la plaza, porque me interesa ver cómo la gente se va apropiando del lugar, si lo disfruta, si las cosas que pensamos realmente se están utilizando. Y la verdad que estamos contentos con el resultado, que lo resumo en un comentario que me hizo un usuario con quien me puse a charlar en el lugar. Me dijo: “yo no sabía que la plaza tenía esta vista tan linda”. 

¿Qué impacto esperan que tenga esta obra en la comunidad? 

Que la gente se apropie del espacio, que lo use, que lo disfrute y que lo cuide. 


Inauguración de la plazoleta Rosa Luna/Municipio B

A nivel profesional, ¿qué significó este reconocimiento? 

Una gran alegría, por esa cuestión de que una idea que se va gestando en un cuaderno, en un esbozo, después se vea materializada y que te la reconozca un jurado de un concurso. Está buenísimo. Lo otro positivo que tuvo fue el trabajo en equipo con otros colegas, que todos sumaron y aportaron muchísimo. Y también tener un pedacito de Montevideo, ver que le aportaste algo a tu ciudad.

Entrevista con el Arq. Pablo Bacchetta

Entrevista con el Arq. Pablo Bacchetta

En el marco de la reciente inauguración de obras en el Balcón del Cerro, conversamos con uno de los autores del proyecto. 

Este nuevo espacio polifuncional de 1200 m² está destinado a la realización de actividades deportivas y culturales diversas, así como para talleres, cursos y encuentros de vecinas/os, entre otras propuestas. El proyecto, que resultó ganador del concurso -organizado por la IM, la FADU, la SAU y el Municipio A- fue presentado por el Arq. Pablo Bacchetta Pareda, el Arq. Daniel Andrés Varela y Enrique Martínez Peyrou.

Esta nueva infraestructura se ubica a los pies de la Fortaleza, en el lugar que ocupó el Parador del Cerro, un espacio donde actuaron artistas de la talla de Alfredo Zitarrosa, Joan Manuel Serrat y Mercedes Sosa. De esta forma, se recupera la memoria del barrio y se resignifica este espacio. Sobre este flamante proyecto para la comunidad conversamos con el Arq. Pablo Bacchetta. 

¿Qué características diferenciales posee su propuesta?

Las bases del concurso planteaban un edificio de aproximadamente unos 1.200 metros cuadrados, en un área del Parque Patrimonial Vaz Ferreira. Había tres manzanas, lo que le llamaban en área extendida. En una de ellas iba al edificio, y las otras se pensaban para que fueran como diseño de parque, integrando las infraestructuras ya existentes en el predio. Hay allí un auditorio al aire libre y hay una plaza con estaciones saludables.

Lo resolvimos con un edificio de una sola planta, una premisa para que fuera accesible, y con un basamento y una corona, con una forma que emula la de la Fortaleza. Un volumen bajo que hace de basamento, que contiene los talleres, la cocina comunitaria y demás servicios, y también un espacio polifuncional exterior. Y luego un volumen más alto, con esa pieza más sofisticada, más diáfana, que es la pieza de policarbonato, que permite lograr mayor altura en el espacio polifuncional interior para eventos deportivos o eventos culturales.  Además funciona como una especie de faro interno, que se prende en la noche y comunica que hay actividad en la cercanía, incluso tiene una visual muy lejana de la ciudad. Se ve la Fortaleza, se ve ahora también el Balcón del Cerro. 


Foto: Arq. Alejandro Lobo 

¿Qué aspectos del espacio público influyeron en su proyecto?  

Atiende a la condición de singularidad del predio, las vistas sobre la bahía. Para nosotros era muy importante en todo momento, desarrollándose las actividades ahí adentro, que se tuviera esa percepción del espacio donde se está, esa mirada este-oeste. Hacia el este de la bahía, y hacia el oeste de parte del parque, por eso en ese sentido es un cerramiento liviano, diáfano, que permite, aunque esté cerrado, por temas de control y seguridad, igual ver el exterior. Como la planta era muy abierta, las actividades se vinculan entre sí visualmente, hay una fuerte interacción entre todas las partes del edificio, el corredor de talleres, el espacio cultural exterior, están súper comunicados. 

¿Me podrías contar un poco del equipo? ¿Se formaron específicamente para este concurso? ¿Ya se habían presentado a algún concurso antes? 

Somos tres, con Enrique Martínez veníamos participando en otros concursos, para este nos juntamos con Andrés Varela. Siempre tratamos, en cada concurso que aparece, de presentarnos. En este tuvimos la suerte de participar y ganar, sobre todo que se concretara. 


Proceso de obra. Foto: Arq. Alejandro Lobo 

¿Les atrajo algo en particular de este concurso? 

En casi todo lo que aparece tratamos de participar. Igual este era súper singular, era un lugar muy emblemático. Un edificio que, si se hacía, iba a tener una fuerte presencia para el barrio y como equipamiento para toda la ciudad.

¿A nivel de diseño cuáles fueron los retos principales? 

Una vez que salió la idea del espacio primordial, el espacio polifuncional interior, a partir de ahí hicimos como un anillo con el resto de las áreas que influyó bastante el diseño de las partes. Tuvimos una devolución del jurado, que creo que fue consciente de que esa figura de basamento y corona hacía un poco de transición de escalas de la altura del espacio polifuncional interior, la cancha, y eso al quedar al medio, abrazado por ese anillo, por ese basamento, la escala hacia el exterior al peatón queda mediatizada por esa pieza de hormigón. Hay una transición de escalas entre lo que es el peatón y el edificio con las alturas que maneja cada parte del programa.


Día de la inauguración. Foto: Arq. Noelia Mancebo 

¿Cómo encontraron el equilibrio entre que sea funcional para los vecinos del barrio y a la vez tenga una propuesta estética atractiva?

Buscamos desde un principio un edificio de una sola planta, sobre todo para evitar costos mayores, la colocación de un ascensor. Que fuera pleno, accesible y además hacerlo compacto, eso fue también parte de discusiones en el equipo. Si era compacto, lineal, y llegamos a la conclusión de que en un edificio compacto había mayor sinergia, mayor contagio de actividad y era más rico el espacio, se superponían las actividades, pistas cruzadas sobre las actividades y sobre el paisaje.

Para resolver la imagen exterior también hicimos algo sencillo, un muro de contención hacia el sur que resuelve el desnivel, porque el edificio termina enterrándose un poquito y se levanta del otro. Y hacia la calle Holanda, en la fachada norte, no optamos por la simetría -un muro de hormigón y un muro de hormigón-, sino que pasamos a un muro calado que hace de parasol, pero también deja mirar hacia adentro y hacia afuera.


Foto: Arq. Enrique Martínez


Ahora que ya se inauguró la obra, ¿cómo fue ver materializado este proyecto que tenían en la cabeza? 

Lo vimos el día de esa inauguración. Para nosotros colma las expectativas. Esperemos que tenga actividad, que se use, porque en realidad es lo que lo va a consolidar como pieza importante en el barrio, que tenga un cronograma cargado de actividades y que funcione.

¿Cuál es el impacto que esperan que tenga esa obra en la comunidad, a nivel social?

Se planteaba en las bases del concurso generar infraestructura para generar pertenencia. La idea es que sea usado, que dé identidad al barrio y que brinde esa infraestructura en ese lugar particular que es un parque. La idea nuestra fue que siguiera siendo un parque cubierto, que hubiera opciones distintas de usar ese espacio público. Actualmente permite que se use frente a una lluvia, al ser un espacio público cerrado. 


Fotos: Arq. Noelia Mancebo 

Este reconocimiento que obtuvieron, ¿qué significa para vos en tu trayectoria?

Está bueno participar y está bueno ganar. Nosotros, concurso que hay, concurso en el que intentamos participar, sobre todo para autogenerarnos el trabajo, y también está bueno ir verificando. Uno a veces se pasa dibujando proyectos y no se materializan, los que se materializan te permiten aprender de los errores y aciertos.

Foto principal: Arq. Noelia Mancebo