La Casa de Saúl Dieste
Existe un patrimonio arquitectónico uruguayo que permanece casi invisible para la historiografía nacional. La tradicional mirada centralista ha llevado a identificar la arquitectura del país con la producción montevideana, relegando a un segundo plano numerosas obras del interior que aguardan aún un estudio sistemático. Salvo contadas excepciones, la investigación académica ha mantenido una deuda con ese legado construido.
Entre esos tesoros silenciosos destaca una vivienda situada en la ciudad de Artigas. Sobre la calle Rincón, entre la avenida Lecueder y la calle Tomás Berreta, una casa introvertida, de volúmenes puros y bóvedas cerámicas parece conservar la huella de una influencia excepcional. Allí, metafóricamente, el Modulor de Le Corbusier caminó bajo los tórridos veranos de Artigas.

Fachada de la casa de Saúl Dieste, 1955, sobre la calle Rincón N°329 de la ciudad de Artigas
Fue en 1955, cuando Saúl Dieste, hermano menor del ingeniero Eladio Dieste, le encargó el proyecto de su vivienda. En esos años Dieste compartía actividad profesional con el ingeniero Eugenio Montañez y los arquitectos Justino Serralta y Carlos Clemont, asociados en el estudio de 18 de Julio y Acevedo Díaz, en Montevideo. Ambos arquitectos habían trabajado en el estudio de Le Corbusier, en el número 35 de la Rue de Sèvres de París, circunstancia que convirtió aquella oficina uruguaya en un singular espacio de intercambio entre la tradición lecorbusiana y la sensibilidad constructiva de Eladio Dieste. El resultado fue una de las obras más notables de la arquitectura uruguaya de la década de 1950.
Ante la ausencia de testimonios directos sobre el proceso de diseño, el análisis debe apoyarse en los planos originales conservados en el archivo de la Dirección de Arquitectura de la Intendencia de Artigas y en la propia obra construida. Ambas fuentes permiten reconocer con claridad la influencia de Le Corbusier, filtrada a través de Serralta y Clemont, así como confirmar la utilización de bóvedas de cerámica armada (revocadas) apoyadas en perfiles metálicos, tecnología que Dieste venía desarrollando desde su experiencia junto a Antoni Bonet en la Casa Berlingieri a fines de la década de 1940.

En primer plano y de izquierda a derecha Justino Serralta, Eugenio Montañez, Eladio Dieste y Carlos Clemont cenando junto a sus esposas.
Los planos del proyecto ejecutivo constituyen un primer indicio revelador. Aunque únicamente aparecen las firmas del propietario y de Eladio Dieste, el rótulo identifica a todos los integrantes del estudio, en estricto orden alfabético: «Clemont – Dieste – Montañez – Serralta; Arquitectos – Ingenieros.»
Detalle del plano de la Casa de Saúl Dieste existente en el archivo de la Intendencia de Artigas donde se ve el rótulo con los responsables del proyecto en estricto orden alfabético; Clemont, Dieste, Montañez y Serralta.
Las participaciones de Clemont y Serralta resultan especialmente significativas en el estudio de París. Carlos Clemont colaboró con Le Corbusier entre 1950 y 1952 en el proyecto experimental no construido Rob et Roq, donde el maestro exploraba la utilización sistemática de las bóvedas como solución habitacional turística. Justino Serralta, por su parte, trabajó junto a André Maisonnier en las etapas iniciales de la iglesia de Ronchamp y en el desarrollo del Modulor 2, profundizando el sistema proporcional concebido por Le Corbusier.
Otro aspecto sobresaliente de la Casa de Saúl Dieste es su organización en torno a cuatro patios. El principal de ellos, un cuadrado perfecto, constituye el verdadero centro espacial de la vivienda. En torno a éste se articula toda la distribución, anticipando una tipología que Dieste volvería a desarrollar posteriormente en su propia casa y en la Casa Gómez, también en Artigas.

Planta de la Casa de Saúl Dieste, 1955, Artigas.
No parece aventurado pensar que la influencia de Serralta y Clemont ayudó a consolidar en Dieste una reinterpretación moderna de una de las tipologías domésticas más antiguas y universales: la casa patio. Del mismo modo, la recuperación de la bóveda como elemento arquitectónico enlaza directamente con una de las grandes preocupaciones de Le Corbusier, transmitida a sus colaboradores, antes de encontrar en Dieste una expresión estructural inédita.

Fachada de la Casa de Saúl Dieste, 1955, sobre la calle Rincón No. 329 de la ciudad de Artigas.
El Modulor y la Proporción Áurea
La lógica generadora de la casa parece construirse a partir del Modulor. La medida fundamental del mismo, deducido de la altura de una persona de 1,75m con la mano levantada que llega a 2,26m, es la altura de los pasillos y el arranque de las bóvedas. A su vez, el célebre canon antropométrico de Le Corbusier, profundamente conocido por Serralta, organiza las principales dimensiones del proyecto en planta mediante sucesivas relaciones áureas.

Trazados reguladores de la Casa Dieste, donde se aprecia el uso del Modulor y la Proporción Áurea
Si los 2,26 metros del Modulor se multiplican por el número áureo (1,618), se obtiene 3,66 metros, dimensión que corresponde al ancho del estar-comedor abierto hacia el patio central. Aplicando nuevamente la misma relación, esos 3,66 metros por 1,618 generan 5,91 metros, coincidentes con el lado del patio cuadrado central, concebido como un cuadrado perfecto. La sumatoria de las dimensiones del patio central con el estar comedor conforma un rectángulo áureo. Las pequeñas diferencias entre estos trazados reguladores y la planta definitiva responden a la necesidad de ocupar íntegramente un terreno de apenas diez metros de frente.
Así, más que una simple vivienda, la Casa de Saúl Dieste constituye una extraordinaria síntesis entre geometría, proporción, técnica y tradición arquitectónica. Es, probablemente, uno de los testimonios más elocuentes de la recepción directa del pensamiento de Le Corbusier en el Uruguay y de su reinterpretación a través de la sensibilidad de estos profesionales uruguayos.
Si para los arquitectos rioplatenses la visita a la Casa Curutchet en la ciudad de La Plata, Argentina, constituye un itinerario casi iniciático para comprender la obra de Le Corbusier en América, debería ser igualmente imprescindible peregrinar hasta Artigas y descubrir esta obra excepcional. Allí, lejos de los grandes centros culturales, puede contemplarse una singular trasposición de las ideas nacidas en la Rue de Sèvres al paisaje del norte uruguayo. Allí, por un instante, el Modulor pareció caminar por las calles de Artigas.*
Texto escrito por: Hugo Ferreira Quirós
