El reconocimiento de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, en el marco de la Semana de la Arquitectura 2026, puso en primer plano no solo el valor arquitectónico de estos edificios, sino también las historias, los recuerdos y el compromiso de quienes trabajan día a día para conservarlos.
¿Qué significa vivir en un edificio que forma parte del patrimonio arquitectónico de Montevideo? Para quienes habitan las Obras Art Decó Destacadas de la Semana de la Arquitectura 2026 (SARQ 2026), el reconocimiento de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) representa mucho más que una distinción: es una oportunidad para recuperar historias, fortalecer el vínculo con la ciudad y visibilizar el esfuerzo cotidiano que implica preservar estos inmuebles.
A través de los testimonios de habitantes y copropietarios de los edificios 18 de Julio y Gaboto, Tapié, El Mástil y Plaza, surge una mirada sobre el patrimonio que va más allá de sus fachadas. Son edificios que forman parte de la identidad urbana, pero también de la memoria de quienes los habitan y de las generaciones que los precedieron.
Una historia que sigue viva
Cada edificio guarda relatos que ayudan a comprender su lugar en la ciudad. En el caso del edificio El Mástil, ubicado en la avenida Brasil y Juan Benito Blanco, su presencia está estrechamente ligada al desarrollo de Pocitos. Construido a comienzos de la década de 1930 por los arquitectos Gonzalo Vázquez Barrière y Rafael Ruano, fue durante casi dos décadas, junto al antiguo Rambla Hotel, una de las dos únicas torres del barrio. Sus balcones escalonados, las puertas con ojo de buey y el remate que evoca un mástil náutico lo convirtieron en una referencia urbana que, casi un siglo después, continúa identificando la rambla.
En el Palacio Tapié, la historia arquitectónica convive con anécdotas que revelan el carácter innovador y lujoso del edificio para su época. Según relata el Dr. Roberto Fernández, el inmueble, construido por Juan Pedro Tapié —uno de los propietarios de la histórica tienda London París—, contaba en 1934 con teléfono fijo en cada apartamento y calefacción incluso en la vivienda del portero. Las molduras diferentes en los techos, las carpinterías de maderas singulares y las superficies curvas son parte de sus atributos, al igual que el recuerdo de los vitrales que envolvían su mirador y que desaparecieron hacia fines de la década de 1960.
La memoria también se construye a partir de las personas que pasaron por estos espacios. En el edificio Plaza, sus habitantes recuerdan a la escultora Aurora Togores y al músico Galemire, entre otras figuras vinculadas a la vida cultural. En el edificio de 18 de Julio y Gaboto, en tanto, la historia se ha transmitido a través de relatos y anécdotas de antiguos habitantes, entre ellos integrantes de las familias Cassinelli Muñoz, Zuasti y Vázquez Franco, además de Hyalmar Blixen y de quien fuera la portera del edificio. Esas conversaciones motivaron nuevas búsquedas sobre sus orígenes, sus arquitectos y sus inversores.
Son historias que muestran que el patrimonio no se limita a lo que permanece materialmente: también está compuesto por recuerdos, usos y experiencias que se transmiten entre generaciones.
Conservar es un compromiso compartido
Detrás de cada edificio reconocido hay una tarea menos visible: mantenerlo en condiciones, atender sus necesidades y encontrar los recursos para preservar sus características originales.
Los copropietarios del Palacio Tapié destacan los esfuerzos que realizan para mantener en funcionamiento un inmueble emblemático del Centro de Montevideo. Para Fernández, el reconocimiento confirma que ese trabajo va en la dirección correcta y fortalece el compromiso de quienes tienen el privilegio de vivir allí.
Una situación similar se vive en el edificio El Mástil, donde el valor afectivo se suma a la responsabilidad patrimonial. Algunos residentes conservan un vínculo familiar con el inmueble desde sus primeros años, y el reconocimiento refuerza la convicción de que mantener en pie una construcción de casi un siglo implica mucho más que conservar viviendas: supone custodiar una pieza de la historia de la arquitectura uruguaya. El edificio cuenta con la declaración de Bien de Interés Departamental y sus copropietarios están gestionando el reconocimiento como Monumento Histórico Nacional.
En el edificio Plaza, los vecinos describen un trabajo sostenido de mantenimiento y recuperación, que incluye mejoras en la fachada, la optimización del consumo energético y el cuidado de elementos originales. También señalan las dificultades que supone afrontar esas inversiones y la importancia de contar con herramientas de protección y apoyo económico que permitan continuar con las intervenciones.
Para sus habitantes, el reconocimiento público puede contribuir a dar visibilidad a esos esfuerzos y a impulsar nuevas medidas de protección. En ese sentido, consideran que la distinción de la SARQ 2026 constituye una oportunidad para fortalecer el diálogo con las autoridades y avanzar hacia una mayor protección patrimonial.
¿Y si miramos la ciudad de otra manera?
La señalización de las obras y las actividades abiertas al público cumplen un papel fundamental en ese proceso: acercan la arquitectura a quienes transitan diariamente por la ciudad y generan nuevas oportunidades para conocerla.
Desde El Mástil, Gabriel Leoni destaca que la iniciativa despertó la curiosidad de muchas personas y permitió que visitantes conocieran el interior del edificio. A su entender, las placas con códigos QR y la información histórica asociada ayudan a que vecinos, transeúntes y turistas descubran que detrás de una construcción hay autores, historias y decisiones arquitectónicas que merecen ser conocidas.
En el edificio Plaza, sus habitantes también perciben una mayor atención hacia la fachada y entienden que el reconocimiento puede contribuir a que el inmueble sea considerado en futuras instancias de protección patrimonial. Para quienes viven en el edificio de 18 de Julio y Gaboto, la propuesta tuvo otro efecto significativo: despertó el interés por investigar una historia que hasta entonces se había transmitido principalmente de manera oral.
Estas experiencias reflejan una convicción compartida: para cuidar el patrimonio, primero es necesario conocerlo y valorarlo. Como plantea Leoni, la defensa de la arquitectura no depende únicamente de las normas, sino también de que las personas se detengan a mirar, comprendan lo que tienen delante y lo sientan como propio.
Un patrimonio que necesita ser habitado y cuidado
Los testimonios coinciden en que el reconocimiento arquitectónico adquiere su verdadero sentido cuando se traduce en un compromiso sostenido con la conservación. La puesta en valor permite visibilizar obras que forman parte del paisaje cotidiano de Montevideo, pero también hace más evidente la necesidad de acompañar a quienes asumen la responsabilidad de mantenerlas.
Desde la experiencia de sus habitantes, los edificios Tapié, El Mástil, Plaza y 18 de Julio y Gaboto muestran distintas dimensiones de una misma realidad: son obras arquitectónicas, referencias urbanas y espacios de vida. Preservarlos implica cuidar tanto sus valores materiales como las historias que los vinculan con la ciudad.
Con la iniciativa Obras Art Decó Destacadas, la SAU contribuye a acercar ese patrimonio a la ciudadanía y a generar nuevas miradas sobre la arquitectura montevideana. Una tarea que comienza al detenerse frente a una fachada, pero que encuentra su continuidad en el conocimiento, la memoria y el trabajo cotidiano de quienes mantienen viva esa historia.