Una metodología para la reconstrucción de elementos arquitectónicos mediante tecnologías digitales.
En el marco de la Semana de la Arquitectura 2026, Fernando Foglino, Arq. Rodrigo Melazzi, Arq. Andrés Nogueira presentaron una metodología que combina tecnologías digitales y técnicas tradicionales para reconstruir elementos arquitectónicos y escultóricos. La experiencia demuestra cómo el registro tridimensional puede contribuir a recuperar piezas perdidas y ampliar las posibilidades de conservación del patrimonio.
¿Cómo pueden las tecnologías digitales contribuir a conservar aquello que el paso del tiempo deteriora o hace desaparecer? Esta pregunta atraviesa el trabajo de este equipo, quienes presentaron en la mesa de presentación de trabajos profesionales de la Semana de la Arquitectura 2026 (SARQ 2026) una metodología para la reconstrucción de elementos arquitectónicos mediante escaneo 3D, fabricación digital y técnicas tradicionales de restauración.
La experiencia, titulada Del escaneo 3D a la restauración patrimonial. Una metodología para la reconstrucción de elementos arquitectónicos mediante tecnologías digitales, parte del registro preciso de piezas originales para generar modelos tridimensionales que permitan reproducirlas cuando están dañadas o han desaparecido.
Uno de los casos presentados fue la recuperación de elementos ornamentales de la fachada del edificio del Banco de la República Oriental del Uruguay (BROU), obra del arquitecto Julio Vilamajó con relieves escultóricos de Antonio Pena. A partir de los elementos originales que aún se conservaban, fue posible registrar ocho diseños diferentes y fabricar trece reproducciones correspondientes a tres de ellos.
El trabajo se inscribe en una línea de investigación que Foglino desarrolla desde hace más de una década. En 2016, junto con los arquitectos Melazzi y Nogueira, fundó el Archivo Nacional del Patrimonio 3D, una iniciativa orientada a digitalizar monumentos del país y poner los archivos a disposición del público de forma gratuita.
En esta entrevista, Foglino repasa los orígenes de esa experiencia, los desafíos técnicos de la reconstrucción patrimonial y las posibilidades de incorporar el registro tridimensional a las estrategias de conservación en Uruguay.
Entrevista a Fernando Foglino
Tu trabajo combina escaneo 3D, reconstrucción digital y técnicas tradicionales de restauración para recuperar elementos patrimoniales. ¿Cómo surgió esta línea de trabajo y qué desafíos de la conservación del patrimonio los llevaron a desarrollar esta metodología?
El acercamiento a estas técnicas surgió en 2014, como parte de un proyecto artístico que investigaba el origen y la historia de la escultura de José Artigas realizada por Juan Manuel Blanes. El proyecto requirió un escaneo tridimensional y la exploración de técnicas de fabricación digital.
Dos años más tarde, impulsados por la repercusión de aquella experiencia, fundamos junto a los arquitectos Melazzi y Nogueira el Archivo Nacional del Patrimonio 3D, con el propósito de digitalizar los monumentos del país y poner esos archivos a disposición del público de forma gratuita.
Al principio, el proyecto estaba más orientado a reflexionar sobre las representaciones del patrimonio que a su conservación material. Sin embargo, con el tiempo fuimos descubriendo el valor que ese acervo podía tener para otros usos. Desde el comienzo trabajamos con tecnologías de gran precisión, capaces de generar archivos que permiten reproducir formas con exactitud milimétrica.
La posibilidad de utilizar esos registros para recuperar piezas dañadas o desaparecidas fue una consecuencia de esa investigación.
En la ponencia presentaron la experiencia de recuperación de piezas ornamentales del edificio del BROU. ¿Cuál era el problema concreto que había que resolver y cómo fue el proceso de reconstrucción a partir de los elementos originales que todavía se conservaban?
El desafío era recuperar elementos ornamentales de la fachada del edificio del Banco República, una obra de Julio Vilamajó que incorpora relieves escultóricos de Antonio Pena. Se trataba de piezas que forman parte de un sistema decorativo integrado a la arquitectura y cuya pérdida afectaba la lectura del conjunto.
La ventaja era que todavía se conservaban elementos originales que podían servir como referencia. A partir de ellos, las tecnologías digitales permitieron registrar la geometría de ocho diseños diferentes y reconstruirlos mediante modelos tridimensionales. Con esos modelos fabricamos trece reproducciones correspondientes a tres de los diseños.
La metodología combinó tecnologías de fabricación digital con procedimientos tradicionales de reproducción escultórica. Primero preparamos los modelos digitales e imprimimos en 3D un positivo de cada pieza. Luego realizamos un trabajo de posprocesado para obtener una superficie adecuada y, a partir de esos positivos, fabricamos moldes de silicona, capaces de registrar con precisión los detalles y las irregularidades de las formas originales.
Cada molde requiere, además, un contramolde rígido que le dé estabilidad y permita reproducir correctamente la geometría. Finalmente, las piezas se reprodujeron mediante resina estructural reforzada, con los tratamientos y las terminaciones necesarios para resistir las condiciones del exterior y permitir su fijación a la arquitectura.
¿Qué posibilidades abre el escaneo 3D para la conservación del patrimonio arquitectónico? ¿En qué situaciones puede marcar una diferencia significativa?
Una de sus principales virtudes es que permite conservar información sobre un objeto, especialmente cuando ese objeto está expuesto a desaparecer. El escaneo genera un registro que puede utilizarse para estudiar una obra, medirla, compararla, reproducirla o reconstruir partes que se hayan perdido.
Esto resulta especialmente importante en elementos ornamentales, esculturas, molduras y piezas arquitectónicas con geometrías complejas, que son difíciles de documentar mediante fotografías o mediciones convencionales.
El escaneo no reemplaza el conocimiento histórico, arquitectónico ni el criterio del restaurador. Es una herramienta que amplía las posibilidades de esos saberes.
También trabajaron en la reconstrucción de elementos ornamentales vinculados a la Casa Vilamajó y al patrimonio escultórico y monumental. ¿Qué aprendizajes dejaron esas experiencias y qué posibilidades ves para aplicar esta metodología a otras escalas, materiales o tipologías patrimoniales?
El trabajo vinculado a la Casa Vilamajó fue encargado por la Facultad de Arquitectura y consistió en reponer una escultura desaparecida que originalmente formaba parte de la fuente del espacio exterior de la casa. Se trataba del Ángel con delfín, de Giuseppe Lelli (1842-1913), artista florentino.
La reproducción fue posible gracias a una copia de la escultura que posee el Museo de Historia del Arte (MUHAR), que pudimos escanear en 3D utilizando la misma técnica que empleamos con los monumentos. Se logró una copia de gran calidad, a la que se le dio una terminación similar a la del original, con una pátina verdosa. Actualmente, la reproducción integra la colección del Museo Vilamajó y está en exhibición permanente.
Otro trabajo consistió en escanear el barco de cerámica de Antonio Pena. A partir del modelo digital y mediante una reducción de escala, se realizaron piezas en cerámica esmaltada que se entregan como premios a personalidades de la Facultad.
Son ejemplos de los múltiples usos que pueden surgir del registro tridimensional. Podemos pensar en molduras, capiteles, relieves, esculturas, elementos de herrería, piezas cerámicas o componentes de edificios históricos. También en objetos arqueológicos y bienes que, por su fragilidad, no admiten una manipulación frecuente.
Es difícil abarcar todos los usos que han encontrado los modelos de los monumentos desde que los pusimos a disposición del público. Se han utilizado en videojuegos, aplicaciones educativas del Plan Ceibal, películas, trofeos y souvenirs.
Quiero destacar especialmente el uso que hacen de estos modelos los artistas, que amplían el significado de esas representaciones. Un ejemplo fue la intervención de Pablo Uribe, quien colocó las figuras de los caciques charrúas Abayubá y Zapicán en lo alto de la fachada del Palacio Legislativo, en el marco de la Bienal de Montevideo de 2026.
Teniendo en cuenta tu experiencia, ¿qué obstáculos existen hoy en Uruguay para incorporar estas tecnologías de manera más extendida a la conservación del patrimonio? ¿Qué sería necesario para que el relevamiento y la documentación 3D se integraran de forma sistemática a las políticas y prácticas de preservación?
Creo que uno de los principales obstáculos es que todavía tendemos a considerar el registro tridimensional como un recurso excepcional, vinculado a proyectos específicos, y no como una herramienta que debería formar parte de las estrategias habituales de documentación y conservación.
También existen desafíos económicos, tecnológicos y de formación. No alcanza con disponer de un escáner: se necesitan personas formadas en esta especialidad, capaces de registrar correctamente, procesar la información, construir modelos útiles y mantener esos archivos en condiciones de ser consultados y reutilizados en el futuro.
Es necesario establecer criterios de documentación, estándares de calidad, sistemas de almacenamiento y mecanismos que permitan que esa información permanezca accesible a lo largo del tiempo. El patrimonio digital es tan vulnerable como el material que intentamos preservar.
Sería deseable que los relevamientos 3D se incorporaran progresivamente a los protocolos de intervención en bienes patrimoniales. En cuanto a la formación, es muy importante la función que cumple el FabLab MVD, el Laboratorio de Fabricación Digital de la Facultad de Arquitectura.
Después de varios años de trabajo en este campo, ¿cómo imaginan el vínculo entre tecnología y conservación patrimonial en los próximos años? ¿Qué les gustaría que cambiara en la forma en que registramos, cuidamos e intervenimos nuestro patrimonio construido?
El registro tridimensional se suma a otros recursos para construir una memoria material de las cosas. Con el paso del tiempo, esa información puede adquirir un valor que hoy ni siquiera somos capaces de anticipar.
Me interesa especialmente la posibilidad de que estos archivos sean públicos y puedan ser utilizados por investigadores, arquitectos, artistas, estudiantes o cualquier persona interesada.