Desde la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) lamentamos profundamente el fallecimiento del colega Arturo Villamil, arquitecto y docente de la Facultad de Arquitectura. Compartimos las palabras de Arq. Thomas Sprechmann, anteriormente difundidas en el boletín electrónico PATIO:
Con profunda tristeza deseo compartir con los lectores de PATIO una breve semblanza sobre Arturo Villaamil, arquitecto y artista fallecido en Francia hace pocos días a los 78 años de edad.
Desde sus inicios sobresalió rápidamente como joven estudiante y docente en el Taller Bayardo de la Facultad y, al mismo tiempo con apenas 24 años, como protagonista relevante en el proyecto del Complejo Bulevar junto a Ramiro Bascans y Héctor Vigliecca; y una década después en el Hospital Policial, una obra obtenida por concurso público de anteproyectos en equipo con Milka Marzano y Enrique Benech.
A partir de ese momento, junto con Benech, participamos en numerosos proyectos entre los cuales me permito destacar el Hogar de ancianos «El Atardecer», una obra más pequeña y menos conocida que las anteriores, pero que condensa del mejor modo la sensibilidad de los ochenta.
De la misma época y en otro plano, fue su aporte conceptual y sus numerosos y sugerentes dibujos publicados en el libro «Propuestas a la ciudad», devenidos en una clave fundamental para subrayar las ideas promovidas en el libro para Montevideo.
Más tarde, tuvo una destacada intervención en el diseño de múltiples edificios en la margen uruguaya de la Represa de Salto Grande, al tiempo que Carlos Ott tuvo la acertada visión de convocar a Arturo a París para asignarle un rol protagónico en el equipo encargado del proyecto ejecutivo de la Ópera de la Bastilla.
Concluido ese trabajo, se estableció con su estudio en Francia junto a su esposa Catherine Berger, desplegando una intensa actividad profesional, un marco inmejorable para profundizar en Europa su vasta cultura arquitectónica y artística.
Su pensamiento fue siempre claro y ordenado, con esa certeza de quien sabe con exactitud lo que busca – y también lo que rechaza -; abierto a la innovación con serena madurez, rigor y sin dogmatismos.
Sus extraordinarias condiciones para el dibujo formaban parte indisoluble de su ser, transformadas en una poderosa herramienta de expresión y pensamiento proyectual, le permitían resolver con sorprendente naturalidad problemas complejos a todas las escalas.
En su faceta plástica, Arturo fue un artista excepcional. Sus croquis en el lugar y sus cuadernos de viaje son legendarios; no buscaban una mímesis realista, sino capturar la atmósfera y la densidad poética de cada sitio. Con economía de medios y síntesis, sus dibujos de singular belleza reflejan con claridad lo que deseaba mostrar en el paisaje urbano o natural.
Fue un hombre grato, afable, dotado de una palabra directa, con un cálido y fino sentido del humor y una modestia profunda y natural, sin imposturas.
Respetado y querido por todos, Arturo se ha ganado con creces un lugar de privilegio en la mejor historia de la arquitectura y el arte de nuestro tiempo.
Texto escrito por: Arq. Thomas Sprechmann