Desde la Sociedad de Arquitectos del Uruguay lamentamos profundamente el fallecimiento del Arq. Edgardo Martínez. A modo de homenaje, compartimos las palabras de Leonardo Altmann:

En nuestra Facultad de Arquitectura de la UDELAR, desde 1998 y por más de dos décadas, en una oficina del ITU tuvimos, con su bajo perfil, trabajando como investigador Grado 4 con Dedicación Total, a uno de los referentes de los debates internacionales de la vivienda social en las décadas de 1970 a 90. Discípulo e integrante del equipo de John Habraken (el notable arquitecto neerlandés autor de la teoría de los soportes), Edgardo Martínez fue participante de la cumbre Vancouver de ONU Habitat de 1976, desarrollador de proyectos experimentales de vivienda social de gran escala en Bangkok, Old Dehli, Guadalajara, Medellín; director académico y docente de posgrado del prestigioso Bouwncentrum de Rotterdam, -por el que pasaron decenas de arquitectos de Asia, Africa y América Latina y desde donde propició y logró el financiamiento del primer censo de asentamientos de Montevideo (1984), desarrollado por el instituto INTEC- Director de una maestría en habitat y vivienda y candidato a doctor en la Universidad Católica de Lovaina.  Desarrolló una actividad profesional y académica de altísimo nivel fuera de nuestro país por un cuarto de siglo.

Edgardo, se recibió de arquitecto en 1971 con una carpeta 12 puntos publicada en la revista de Facultad de la época. Como estudiante fue dibujante para Juan Scasso y ayudante de Carlos Gómez Gavazzo en sus investigaciones en el ITU. La suya fue una generación clave para comprender las ciudades latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX y él fue protagonista: cuando el drama de la vivienda y la pobreza pasaron a ser problemas urbanos, cuando las comunidades dejaron de ser sujetos pasivos de las políticas y reclamaron sus espacios en el diseño y gestión de las soluciones. Cuando al urbanismo moderno funcionalista se le quemaron los papeles frente a nuestras metrópolis desiguales y atormentadas del sur global, cuando las rupturas institucionales dejaron en nuestra región huellas de autoritarismos y violencia. En esa trayectoria que lo lleva a Holanda, México y luego de retorno a Uruguay, también hay un ciclo de un nuevo rol del arquitecto en el diseño y la gestión de la vivienda popular y el urbanismo. En las implicancias de políticas que cambian los pesos relativos entre estado y comunidad. En la circulación de modelos técnicos y experiencias en territorio. En las contradicciones de los modelos de políticas de financiamiento condicionado. En la interpelación sobre la vivienda evolutiva, la mejora barrial, el rol de la infraestructura y la escala de las intervenciones. En una lectura estructural y situada de la pobreza urbana.  Como decía el titulo de su tesis de master, en la línea de su maestro Habraken, se trata de que los arquitectos tenemos el enorme desafío y responsabilidad de diseñar lo común, the ordinary universe, con y para la gente.

El bagaje de esa experiencia de trotamundos, Edgardo la trasmitió de forma generosa, a quienes trabajamos con él, pero también en charlas, clases y cafés, sin jactarse de su currículum. Cada conversación era una clase o viceversa. Manejaba conceptos con mucha simplicidad, articulando ejemplos y anécdotas de forma vivaz, con una capacidad docente formidable. Armó equipos de trabajo basados en la horizontalidad, lo colaborativo y el entendimiento mutuo. A veces era duro y exigente en el trabajo -y por qué no en las formas- pero comprendía claramente que la investigación universitaria no debía ser solo comprometida o pertinente socialmente. Como investigación debía ser rigurosa metodológicamente, consistente.

Su última década de trabajo docente lo tuvo generando valiosos insumos para la discusión de las políticas nacionales de ordenamiento territorial, en diferentes escalas y abordajes, animando redes regionales de investigadores, procurando la formación de nuevos profesionales de la vivienda y la ciudad. En sus temáticas resaltan las ciudades intermedias y el área metropolitana de Montevideo vistos desde la relación entre expansión urbana e infraestructura; el sistema urbano nacional, tanto desde lo demográfico como en lo funcional y su diálogo con los territorios de los grandes complejos agroindustriales, desarrollados desde la UDELAR muchas veces en cooperación con organismos públicos responsables de políticas territoriales. Todo ello fue reflejado en publicaciones académicas y artículos científicos de altísimo nivel que rápidamente se convirtieron en referencias para tomadores de decisiones y bibliografía de cursos de grado o posgrado.

Podríamos enumerar otros aspectos de su CV, como haber ganado dos veces el premio nacional de urbanismo en investigaciones y el premio a la trayectoria. Pero en esta hora no se trata solo de enumerar méritos. Se trata de agradecer y valorar una trayectoria coherente, honesta y comprometida. A quienes fueron sus alumnos, compañeros de trabajo, y afectos y en particular a sus hijos Vincente, Anna y Diego, vaya un apretado abrazo.

Desde SAU saludamos a sus familiares, amigos y colegas en este difícil momento.