Editorial

El rol de la profesión y de la arquitectura

En este número del BSAU, nos hemos propuesto acercar una serie de visiones sobre el futuro de la profesión y de la arquitectura. Este ejercicio requiere la ayuda de todos: la academia, el gremio, las experiencias personales, la de otros profesionales en otras áreas y sobre todo articular nuevos conceptos del tema a nivel panamericano y mundial. La función de los arquitectos se ha ido adaptando a cada momento histórico, interpretando un contexto social, cultural, político y económico, reflejándolo en una determinada configuración espacial. ¿Cuáles son nuestras actuales señas de identidad?

Desde la ciudad ideal de Platón o las propuestas de trazados en damero atribuidas a Hipodamo de Mileto o, más tarde, los planteos de ciudad jardín como respuesta al cambio de paradigma derivado de las consecuencias de la revolución industrial del S XIX, hemos ido construyendo respuestas teóricas primero y prácticas luego a la necesidad de construir y convivir.

En una sociedad industrializada como la actual, los edificios consumen más o menos el 45%, de la energía, pero esa cifra sube al 75% cuando se añaden los movimientos de personas y bienes entre unos destinos y otros. La respuesta para un futuro sostenible según Norman Foster está «en la fusión entre arquitectura e infraestructuras, entendiendo por esto último una combinación de carreteras, espacios cívicos, transporte público y estructuras varias que constituyen el entramado urbano y unen unos edificios con otros». ¿Se trata entonces de expandir nuestro conocimiento y capacidad de intervención más allá del edificio y la arquitectura como la conocemos?

La era de la información construye permanentemente datos en una cantidad, calidad y velocidad que hacen imposible lograr procesos de síntesis y formulación de soluciones con herramientas académicas que poco han variado desde el liderazgo conceptual decimonónico inspirado en las Bellas Artes. La economía urbana, la psicología social, la sociología, el conocimiento legal urbano, la demografía, la estadística, el paisajismo, la comunicación visual, las nuevas formas de producción de energía, la ingeniería de diversas redes de infraestructura se van consolidando como fundamentales en el acercamiento a nuevos procesos de síntesis sobre los edificios y la ciudad. Asuntos como el cambio climático, el impacto de actividades crecientes como el turismo a nivel global o las migraciones hacen necesaria la decodificación de nichos específicos donde sería saludable encontrar a los arquitectos y urbanistas visualizando oportunidades de formación y aplicación en el campo práctico para dar solución a otras áreas que trascienden la visión de la ciudad como la venimos aprehendiendo. Lo cierto es que de aquel concepto de Le Corbusier sobre la ciudad como el espacio para «habitar, circular, trabajar y recrearse» casi como sistemas estancos y bien definidos, la actualidad ha devenido en procesos menos lineales e interconectados de extremada complejidad. Las tecnologías de la información aportan cambios permanentes en nuestras costumbres y a la vez hacen posible el procesamiento de millones de datos disponibles (Smart Cities). Parece haber un corrimiento de otras disciplinas y actividades hacia el conocimiento de las ciudades: ingeniería, abogacía, sociología, estadística, movilidad y turismo, entre otros. Y no de los arquitectos a profundizar en estas áreas de conocimiento. La posibilidad de hacer estudios de posgrado debería encontrarnos liderando todas las áreas complementarias al conocimiento tradicional de la arquitectura, las infraestructuras y el urbanismo. Según las Naciones Unidas, actualmente, el 55 % de las personas en el mundo vive en ciudades. Según un nuevo informe de la organización, se estima que esta proporción aumentará hasta un 13 % de cara a 2050, por lo que el desarrollo sostenible dependerá cada vez más de que se gestione de forma apropiada el crecimiento urbano, especialmente en los países de ingresos medios y bajos que son los que liderarán el proceso.

Si bien la tecnología deriva en hipótesis difíciles de abordar, parece más un viaje de ida y a una velocidad como nunca antes sospechamos, y como todo cambio de paradigma nos encuentra en permanente contradicción. Habitamos una era de desigualdad: el 1,1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta. Tradicionalmente los servicios de arquitectura se han visto como un producto para unos pocos privilegiados con capacidad de pago. Por lo tanto debemos más que nunca articular políticas con los gobiernos locales, municipales y a nivel central que permitan el acceso de todos los sectores sociales a una arquitectura y espacios de calidad. No hay otro camino y en eso Uruguay ha sabido dar cátedra a través de experiencias sui generis como el cooperativismo en la vivienda, por ejemplo. Nuestra larga tradición del concurso de anteproyecto como mecanismo democrático de acceso a proyectos relevantes, ha sido un excelente instrumento y una garantía de acceso a espacios y arquitectura de calidad para todos los ciudadanos. Debemos profundizar en la calidad y el convencimiento de que los edificios y la infraestructura bien planificada son instrumentos fundamentales en el desarrollo humano, con capacidad de incidir en la felicidad e igualdad de condiciones de los habitantes.

Es notorio en los últimos años, la inserción y la presencia de profesionales arquitectos/as en nuevas áreas de trabajo derivadas de cambios normativos, que han determinado nuevas demandas en la práctica profesional público o privada y logrando un aporte notorio en la dirección antes mencionada. Es fundamental la discusión y elaboración gremial de cambios normativos que impactan directamente en nuestras incumbencias profesionales, pero también como oportunidad de acceso al trabajo. Por otra parte, según datos de la Caja de Profesionales Universitarios suministrados a solicitud de SAU, hasta el 2018 (inclusive) la cantidad de arquitectas y arquitectos uruguayos es la siguiente: 6.112 en declaración de ejercicio, 2.416 en declaración de no ejercicio lo que hace un total de 8.529. Un 35 % más que hace 10 años. Esta cantidad de profesionales egresados nos desafía a sostener dos condiciones fundamentales: que la oferta profesional no deteriore el valor del trabajo sustentado en un arancel que nos permita enfrentar nuestras responsabilidades técnicas y humanas con solvencia y dignidad. Y por otra parte, generar nuevas estrategias que sigan ampliando el campo de intervención de nuestro colectivo. Dos conceptos fundamentales que explican y nos comprometen a redoblar esfuerzos por un futuro con un gremio cada vez más fuerte y saludable.

Noviembre de 2019
Arq. Fernando Pereira Figuerón
Presidente