Parte I – Informe: Asamblea General y Congreso Mundial de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) / Barcelona 2026
El Congreso Mundial celebrado en Barcelona entre el 28 de junio y el 2 de julio de 2026, constituyó uno de los encuentros internacionales más importantes de la disciplina en los últimos años. Más de 10.000 participantes provenientes de alrededor de 130 países se reunieron para debatir los desafíos contemporáneos de la arquitectura bajo el lema «Becoming. Architectures for a Planet in Transition».
Paralelamente del 2 al 5 de julio, la Asamblea General de la UIA llevó adelante la renovación de sus autoridades y definió la conducción institucional para el período 2026-2029.
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El Congreso Mundial de Arquitectos
Barcelona organizó un Congreso deliberadamente distinto de los tradicionales encuentros disciplinarios de este tipo que constituyó un observatorio privilegiado para comprender una transformación que la disciplina viene experimentando desde hace varios años.
Las actividades se desarrollaron simultáneamente en diversos espacios de la ciudad, combinando conferencias magistrales, debates, exposiciones, talleres, recorridos urbanos y foros abiertos destinados también al público general. El objetivo fue transformar el Congreso en una experiencia urbana antes que en una sucesión convencional de ponencias.
El programa fue organizado alrededor de seis grandes líneas de investigación: Becoming More-than-human, Becoming Circular, Becoming Embodied, Becoming Interdependent, Becoming Hyper-conscious y Becoming Attuned.
Estas líneas no funcionaron como áreas temáticas independientes sino como perspectivas complementarias para abordar la transformación contemporánea del ambiente construido.
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Los principales ejes del debate
Una característica distintiva del Congreso fue la ausencia de una teoría arquitectónica dominante. En lugar de promover una nueva corriente formal o estilística, el Congreso propuso una agenda de problemas compartidos. Entre los temas más recurrentes pueden señalarse: la transición ecológica; el cambio climático; la economía circular; la reutilización del patrimonio construido; la biodiversidad; la justicia espacial; la vivienda; la resiliencia urbana; la inteligencia artificial; las nuevas tecnologías aplicadas al diseño; las relaciones entre arquitectura y territorio.
En casi todas las sesiones apareció una idea común: la arquitectura ya no puede pensarse como una disciplina aislada sino como parte de sistemas ambientales, sociales y tecnológicos cada vez más complejos.
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Algunas tendencias emergentes
Del edificio al sistema: Uno de los desplazamientos conceptuales más notorios consiste en abandonar la consideración del edificio como objeto autónomo para entenderlo como parte de redes ecológicas, energéticas, económicas y sociales.
La arquitectura aparece cada vez más como articulación de sistemas.
La condición More-than-human: Esta noción propone superar la visión antropocéntrica del proyecto arquitectónico. El ambiente construido comienza a concebirse como un espacio de convivencia entre personas, biodiversidad, agua, suelo, vegetación y clima.
Circularidad: La economía circular dejó de presentarse como una alternativa para convertirse prácticamente en un nuevo paradigma operativo. Rehabilitar, transformar y reutilizar se consideran acciones tan importantes como proyectar nuevas obras.
Inteligencia artificial: La IA estuvo presente de manera transversal durante todo el Congreso. Sin embargo, el énfasis no estuvo puesto en la producción automática de imágenes sino en simulación; análisis territorial; modelización; gestión de información y apoyo a la toma de decisiones. El interrogante ya no parece ser si la inteligencia artificial sustituirá al arquitecto, sino cuál será el nuevo papel profesional frente a estas herramientas.
La arquitectura como responsabilidad pública: Las intervenciones en general, insistieron en que el proyecto arquitectónico debe responder simultáneamente a cuestiones ambientales, sociales y culturales. En consecuencia, la arquitectura parece recuperar una dimensión política más amplia que la mera producción edilicia.
Caso destacado: Forensic Architecture y la arquitectura como evidencia
Una de las presentaciones que concentró mayor tensión política fue la de Forensic Architecture, la agencia de investigación espacial dirigida por Eyal Weizman, que presentó su investigación “A Cartography of Genocide” sobre la conducta militar israelí en Gaza desde octubre de 2023, donde se muestra otra idea de arquitectura:
- la arquitectura como evidencia;
- la arquitectura como investigación;
- la arquitectura como prueba jurídica.
La participación tuvo un fuerte valor simbólico: Weizman había sido invitado al Congreso de la UIA en Berlín en 2002, pero la Asociación de Arquitectos de Israel canceló su participación a último momento, calificando su investigación —realizada junto a Rafi Segal— de “propaganda unilateral”.
Veinticuatro años después, su presencia en Barcelona y la ovación que recibió una de sus intervenciones se contaron entre los momentos de mayor intensidad política del Congreso, y muestran hasta qué punto la arquitectura crítica ganó legitimidad institucional dentro de la propia UIA.
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La Asamblea General de la UIA
La Asamblea General desarrolló las actividades estatutarias correspondientes al cierre del período 2023-2026 y procedió a la elección de las nuevas autoridades internacionales.
El acontecimiento institucional más significativo fue la elección del arquitecto chino Zhang Li como Presidente de la Unión Internacional de Arquitectos para el período 2026-2029, sucediendo a la arquitecta suiza Regina Gonthier. La elección consolida un proceso de creciente protagonismo asiático dentro de la organización y refleja el desplazamiento del centro de gravedad de la producción urbana mundial hacia esa región.
La Asamblea también renovó los integrantes del Consejo y las Vicepresidencias regionales, reafirmando el funcionamiento de los distintos Programas de Trabajo y Comisiones, responsables del desarrollo temático permanente de la organización. También solicitó que a futuro se verifique el compromiso y el profesionalismo de los candidatos sugeridos por los países miembros para la renovación de las comisiones y grupos de trabajo.
En términos políticos, la elección representa una continuidad institucional acompañada por una mayor diversidad geográfica en la conducción de la Unión.
Parte II – Ensayo: Barcelona 2026: ¿un cambio de paradigma?
Es difícil evaluar un congreso mundial inmediatamente después de su realización. Las conferencias pasan, las declaraciones se olvidan y muchas conclusiones terminan diluyéndose en las publicaciones posteriores. Sin embargo, algunos encuentros dejan la sensación de que algo ha comenzado a desplazarse. Este Congreso parece pertenecer a esa categoría.
No porque haya inaugurado una nueva corriente arquitectónica ni porque haya propuesto un manifiesto comparable a los del Movimiento Moderno o a los debates posmodernos. Su importancia reside en otro aspecto: la arquitectura dejó de presentarse como el centro del discurso para situarse deliberadamente dentro de un sistema mucho más amplio de relaciones. Esa fue la verdadera novedad del Congreso.
En numerosas presentaciones el edificio perdió protagonismo frente a sistemas ambientales, políticas públicas, procesos sociales o tecnologías de gestión. Ese desplazamiento resulta comprensible e incluso necesario. Ya no predomina la búsqueda de un lenguaje formal común, como ocurrió durante buena parte del siglo XX.
El debate contemporáneo se desplaza hacia la gestión de la incertidumbre, la adaptación climática, la inteligencia artificial, la reutilización de recursos y la construcción de nuevas formas de convivencia. En ese contexto, el congreso parece confirmar que el campo disciplinar continúa expandiéndose. No obstante, continúa pendiente una discusión fundamental acerca del lugar donde sigue produciéndose la decisión arquitectónica. En otras palabras, si todo proyecto depende hoy de múltiples condicionantes externos — económicos, tecnológicos, ambientales y políticos— ¿cuál sigue siendo el aporte específico del arquitecto?
Durante buena parte del siglo XX la disciplina discutió cómo proyectar. Barcelona 2026 discutió, sobre todo, desde dónde proyectar.
Del objeto al sistema
Las seis líneas temáticas del Congreso comparten un mismo supuesto: el edificio ya no constituye la unidad principal del pensamiento arquitectónico. En su lugar aparecen conceptos como ecosistema, metabolismo urbano, resiliencia, biodiversidad, economía circular, inteligencia artificial, datos, gobernanza o adaptación climática.
La arquitectura deja de entenderse como producción de objetos para convertirse en una práctica de articulación entre múltiples sistemas. No se trata solamente de diseñar mejores edificios. Se trata de comprender procesos más complejos, donde esos edificios se insertan.
La ampliación del campo disciplinar
Desde esta perspectiva, Barcelona reafirma una transformación que viene desarrollándose desde hace algunos años. El arquitecto ya no trabaja únicamente sobre la forma construida. Interviene sobre ciclos de materiales, estrategias energéticas, información digital, participación ciudadana, movilidad, gestión territorial y políticas públicas.
El proyecto deja de ser exclusivamente un ejercicio de composición para convertirse en una forma de coordinación entre actores, escalas y temporalidades diversas. Esta ampliación resulta vital y necesaria. Las crisis climáticas, las desigualdades urbanas y la irrupción de la inteligencia artificial exigen herramientas que exceden ampliamente los límites tradicionales de la profesión. Sin embargo, toda expansión también plantea un riesgo…
La paradoja de Barcelona
Cuanto más se amplía el campo de la arquitectura, más difícil resulta reconocer aquello que le pertenece específicamente. Muchos debates del Congreso podrían haber tenido lugar en foros de urbanismo, ecología, ciencias ambientales, ingeniería o políticas públicas. La interdisciplinariedad constituye uno de los mayores logros de nuestro tiempo, pero también obliga a preguntarse cuál sigue siendo el núcleo irreductible de la disciplina.
En otras palabras: si la arquitectura es ahora todo, ¿qué continúa siendo arquitectura? La pregunta no apareció formulada de manera explícita durante el Congreso, pero recorrió silenciosamente muchas de sus discusiones. Precisamente por eso constituye, probablemente, la cuestión disciplinar más importante que Barcelona deja abierta.
La inteligencia artificial como síntoma
La presencia transversal de la inteligencia artificial resulta ilustrativa. En pocos años la discusión pasó de preguntarse si la IA sería capaz de producir arquitectura a preguntarse cómo reorganizará el trabajo profesional. Las herramientas actuales generan alternativas, optimizan variables, simulan comportamientos, producen imágenes y procesan enormes cantidades de información. Pero ninguna de ellas responde una cuestión esencial: ¿qué alternativa debe elegirse y por qué? La decisión continúa siendo un acto cultural, político y disciplinar. Precisamente allí parece residir uno de los desafíos del futuro.
Un cambio de paradigma… ¿o un cambio de escenario?
Quizás todavía sea prematuro hablar de un nuevo paradigma en sentido estricto. Los grandes cambios disciplinarios suelen reconocerse retrospectivamente. Sin embargo, Barcelona sí parece marcar el final de una etapa.
Durante décadas la arquitectura debatió principalmente sobre lenguaje, forma, tipología, representación o tecnología constructiva. Hoy el centro del debate se ha desplazado hacia las condiciones mismas en las que la arquitectura puede producirse.
La cuestión ya no es solamente qué construir, sino cómo actuar dentro de sistemas crecientemente condicionados por variables económicas, ambientales, tecnológicas y políticas. En ese sentido, más que un cambio de paradigma, Barcelona podría representar un cambio de escenario… y todo cambio de escenario obliga también a redefinir el papel de sus protagonistas.
Una cuestión abierta
Como ya se señaló, tal vez el principal legado del Congreso no resida en las respuestas que ofreció, sino en las preguntas que dejó planteadas:
- ¿Cómo mantener la autonomía intelectual de la arquitectura en un mundo gobernado por plataformas, algoritmos, indicadores ambientales y lógicas financieras?
- ¿Cómo evitar que el proyecto arquitectónico termine reducido a una simple optimización técnica?
- ¿Cómo conservar la capacidad crítica sin renunciar a la colaboración interdisciplinaria?
- ¿Cómo explicar que un Congreso tan atento a las dimensiones ecológicas, sociales y tecnológicas haya dedicado tan escasa atención al papel del capital financiero e inmobiliario en la producción contemporánea de la ciudad?
Responder estas preguntas probablemente constituya una de las tareas centrales de la próxima década. Por ahora, Barcelona 2026 sólo reafirma con claridad que la arquitectura está cambiando, permaneciendo en interrogación lo que emerge de ese cambio. El desafío ya no consiste en recuperar un protagonismo perdido, sino en reconstruir una autonomía crítica capaz de actuar dentro de procesos que la disciplina ya no controla por sí sola.
En todo caso, la respuesta no está en delimitar un territorio sino en preservar un gesto: mientras alguien deba decidir —entre variables que ya no controla del todo— qué forma darle a un espacio y con qué consecuencias, ahí seguirá habiendo arquitectura. No donde se produzcan más datos, más imágenes o más simulaciones, sino donde alguien deba asumir la responsabilidad crítica de decidir entre ellas.
Gustavo Vera Ocampo
veraocampo@me.com