Quienes caminaron en los últimos días por la intersección de las calles Juncal y 25 de Mayo habrán notado que el cielo de la Ciudad Vieja ya no es el mismo. Tras décadas de permanecer mutilado en su remate superior, el ex Palacio Pietracaprina volvió a recuperar su silueta icónica gracias al izaje e instalación de una cúpula contemporánea que busca rescatar la memoria arquitectónica del barrio.

El despliegue logístico y visual en pleno centro histórico atrajo la mirada de vecinos, transeúntes y amantes del patrimonio. La maniobra, que requirió el uso de maquinaria de gran porte para elevar la estructura metálica hasta la cima del edificio, marcó el momento cumbre del proyecto «Cúpula: El Palacio Perdido», una iniciativa impulsada por el arquitecto y artista Federico Lagomarsino junto con colectivos locales y el apoyo de la comunidad.

De la pérdida al rescate urbano

Proyectado originalmente a principios del siglo XX como residencia para la familia Pietracaprina, el edificio destacaba en la trama urbana por su impronta ecléctica y su remate ornamental. Sin embargo, con el paso de las décadas y las transformaciones del patrimonio montevideano, la cúpula original desapareció, dejando la esquina inconclusa en la retina de la ciudad.

El proyecto no pretendió realizar una réplica idéntica ni una restauración conservadora tradicional, sino proponer una reinterpretación artística contemporánea. La nueva estructura reitera el volumen y las proporciones históricas, pero dialoga con el presente mediante materiales ligeros y un diseño concebido para interactuar con la luz.

«No se trata solo de mirar hacia atrás con nostalgia, sino de activar la memoria urbana a través de intervenciones que vuelvan a dotar de significado y vida a nuestros espacios colectivos», señalaron desde el equipo promotor de la intervención.

Un faro nocturno para el casco antiguo

Durante las jornadas de montaje, el evento estuvo acompañado por diversas intervenciones culturales, charlas y encuentros callejeros que convocaron al vecindario. Uno de los mayores atractivos de la obra radica en su comportamiento al caer la tarde: la cúpula cuenta con un sistema de iluminación interna que la transforma en una escultura de luz, devolviendo a la esquina un hito visible desde distintos puntos del puerto y del casco antiguo.

Con este izaje, la Ciudad Vieja no solo suma una nueva postal fotográfica a sus calles, sino que reabre el debate sobre la recuperación del paisaje de techos montevideano y el valor del patrimonio vivo construido entre el arte, la arquitectura y la participación comunitaria.

Esperamos que este gesto sirva como un efecto “contagio” al resto de nuestro casco histórico y se sume a las intervenciones que se impulsan desde el gobierno departamental, el Municipio B y el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento territorial y así poner en valor nuestra Ciudad Vieja.

Desde la Sociedad de Arquitectos del Uruguay felicitamos a quienes participaron de este proyecto y celebramos su concreción.

Texto escrito por: Arq. Alberto Leira (Presidente de SAU)