Desde SAU lamentamos el fallecimiento de Eduardo Ramos. Con el fin de despedirlo, compartimos las palabras de Osvaldo Ferreyra, Marcelo Payssé, Salvador Schelotto y Laura Vizconde:

En la mañana del 8 de setiembre falleció Eduardo. Amigo leal, brillante y querido compañero y colega, de larga trayectoria profesional y docente. Quienes lo conocimos y compartimos el camino con él lo queremos recordar como un profesional destacado y riguroso y un docente exigente y crítico. También como un formador y líder de equipos con visión de futuro, más allá de las contingencias diarias. Eduardo trabajó en diversos estudios profesionales en nuestro medio -entre ellos el viejo estudio 5- y también en el exterior. A su regreso al país, lideró el despliegue de la Corporación Nacional para el Desarrollo en proyectos de infraestructura edilicia. Su aporte fue fundamental para que por medio de innovaciones técnicas y de gestión se desarrollara en especial la infraestructura educativa en todo el territorio nacional.

Eduardo se había formado a nivel de posgrado a mediados de los años 80 en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, siendo una experiencia formativa que luego volcó en nuestra Facultad. En la docencia fue profesor de proyecto en los Talleres Parodi y Schelotto, donde alcanzó el nivel de Profesor Agregado G4 en efectividad hasta el momento de su retiro, liderando y formando equipos docentes. Actuó en particular en los cursos de proyecto edilicio, así como articulando redes regionales de intercambio académico como “vivienda en red” con unidades académicas de Argentina, Brasil y Chile, así como también intercambios con Japón (fue impulsor del proyecto pionero “Arquitectura por Internet desde Uruguay” desarrollado junto al LATU) e integró el equipo docente en 1999 del Grupo de Viaje de estudiantes de arquitectura G92. 

Eduardo atravesó un largo período de dificultades en su salud con una enorme resiliencia y capacidad de reinventarse, acompañado y apoyado por su compañera Matilde y su familia. Lo recordaremos siempre por su don de gentes, su inteligencia, su sonrisa y su pasión por la arquitectura y la enseñanza.

Texto escrito por: Osvaldo Ferreyra, Marcelo Payssé, Salvador Schelotto y Laura Vizconde.