En la actualidad, muchos arquitectos uruguayos han decidido expandir sus horizontes profesionales más allá de las fronteras de su país, enfrentando diversos desafíos y aprovechando oportunidades únicas en el ámbito internacional. La migración de estos profesionales se debe a una combinación de factores, que incluyen la búsqueda de mejores oportunidades laborales, la necesidad de crecimiento personal y el deseo de vivir en entornos que estimulen su creatividad.

En esta edición, destacamos la experiencia del Arq. Fernando Pérez Blanco, uruguayo viviendo en España. Compartimos la entrevista realizada por el Arq. Daniel Botti:

Hola Fernando, contanos como fue el proceso que te llevó a emigrar ¿Fue una decisión motivada por lo profesional (búsqueda de oportunidades), personal (familia) o una combinación de ambas?

Combinación de ambas. Viajé porque habíamos ganado un concurso para realizar un proyecto en España; concurso que realizamos con el estudio SITIO en asociación con el estudio de Marta, quien ahora es mi pareja.

¿Cómo era tu situación profesional en Uruguay antes de emigrar?

Recién recibido. Pero hacía tiempo habíamos armado el estudio SITIO. Al principio éramos 12, todos estudiantes en un local de calle Timbó con la idea de compartir conocimiento, estudiar juntos y empezar a hacer “cositas”. Después fuimos 8 -todavía estudiantes- alquilando la parte de delante de la casa de de una de las compañeras. Ahí nos centramos en hacer maquetas y concursos; fue cuando le pusimos nombre al estudio. A esa altura colaborábamos en concursos y algunos trabajos con los que eran nuestros profesores. Cada uno tenía su trabajo y el estudio se intentaba sostener con las maquetas.

Mas adelante, siendo 6 integrantes, aun sin recibirnos, estuvimos en la calle Chaná, donde intensificamos el trabajo en maquetas y ya empezábamos hacer algo de arquitectura. Ahí descubrimos el Autocad y justo después no fuimos de viaje.  A la vuelta del viaje, cuando Alejandra logró recibirse nos mudamos a un apartamento en José E Rodó, donde siendo ya cuatro, dividimos el estudio en dos sectores: uno de maquetas y otro de arquitectura. Ahí comenzó una etapa profesional con encargos, concursos, etc. Intentamos dividir las responsabilidades en función de habilidades intereses y capacidades, y mientras se consolidaba la parte de arquitectura, el taller de maquetas siguió abierto para solventar gran parte de los gastos e incluso de los sueldos. En todo ese periplo de muchísima formación y discusiones, en  el que aprendimos un montón, estuvimos siempre rodeados de amigos y otros colaboradores, haciendo concursos, obras y participando de muchas movidas de la Facultad. Yo, a su vez, era docente de taller y expresión gráfica. Durante ese periodo nos fuimos recibiendo los demás de forma escalonada. You fui el último, a principio de 2001.

¿Cómo fue la elección de tu destino actual? ¿Qué expectativas tenías sobre cómo se ejerce la arquitectura allí antes de llegar?

Después de recibirme, me viene a España y dando paseos por los pueblos blancos de Cádiz, visitamos tres lugares donde habían convocado concursos para hacer teatros. Estuvimos croquizando frente a los terrenos y decidimos que yo me llevaba el de Vejer de la Frontera para hacerlo con SITIO desde Montevideo. Ganamos el concurso y “me llevé todos los premios”.

Una de las barreras más complejas de sortear en lo profesional es la homologación del título universitario. ¿Cómo fue el proceso de revalidación o la habilitación de tu título universitario?

Homologué el título a los 3 años y medio de estar en España. El proceso fue largo, sobre todo juntar la documentación del plan de estudios (a lo que me ayudó mucho Emilia Rivero), convalidarla o legalizarla en la embajada de España en Uruguay. Luego presenté la solicitud en el ministerio y tuve que insistir (perseguir) mensualmente para que no se durmiera el trámite. Finalmente, informaron que había algunas diferencias que implicaban cursar y rendir examen de determinadas asignaturas o realizar una prueba integral que consistía en un “proyecto Fin de Carrera”. Esa fue mi opción: una segunda carpeta. No sé cómo es el trámite ahora, pero en ese momento era largo y no en todas las universidades había “plazas limtadas” para hacer el Fin de Carrera. Sevilla era una de las más abierta.

¿Trabajas por tu cuenta o asociado a un estudio local?

Estoy colegiado, tengo el seguro de responsabilidad Civil con ASEMAS, cotizo como profesional autónomo a través de la Hermandad Nacional de Arquitectos y tengo estudio propio (MEDIOMUNDO Arquitectos) en sociedad con mi pareja.

¿Necesitás una matrícula o licencia específica para firmar proyectos?

Acá para ejercer (firmar, etc) necesitás estar colegiado, tener un seguro de responsabilidad civil y pagar una cuota como trabajador autónomo que incluye el seguro médico y la previsión social, o sino, cotizar como empleado, según el caso.

¿Cómo fue el proceso de de adaptarse y entender el ecosistema profesional y burocrático en España?

Me adapté con bastante facilidad. Tuve la ventaja de estar trabajando con arquitectos del lugar, que, si bien estaban empezando, conocían las lógicas y dinámicas locales. Aparte de hacer el proyecto de nuestro teatro, trabajé con otro arquitecto que también había ganado uno en otro pueblo, y seguí haciendo concursos y proyectos asociado a otros profesionales, hasta que homologué el título y ya empecé a firmarlos. A esta altura ya no extraño nada, estoy hecho a la dinámica local, ya pienso en andaluz.

Una vez en España ¿notaste un cambio radical en los sistemas constructivos, materiales disponibles o tipo de mano de obra comparado con Uruguay? ¿Cómo te adaptaste a eso?

Recuerdo el impacto de las normativas, como asunto mucho más restrictivo: incendio, accesibilidad, y luego el CTE (Código Técnico de la Edificación) con todas las reglamentaciones. Por otra parte, lo más impactante fue el cambio de dimensiones de los elementos estructurales (la vigas y pilares te aparecen por todos lados), la construcción de cerramientos exteriores empezando por la hoja exterior, y los sistemas de vigueta y bovedillas para “forjados”. Un aspecto positivo y novedoso fue la incorporación del aparejador o arquitecto técnico tanto en proyecto como en dirección de obra, y los planes de control de calidad.

¿Cómo fue el recibimiento en el ámbito profesional? ¿Sientes que hubo cierta resistencia por venir de fuera o más bien una apertura a tu enfoque?

No, tal vez por la forma en que caí (con proyecto bajo el brazo). Pero, aun así, el recibimiento por parte del resto de colegas fue muy amable y colaborativo. Trabajé con otros arquitectos antes de “armar “nuestro estudio.

¿Ya tenías contactos en el destino o comenzaste de cero?

Sí. Para el proyecto del teatro estábamos asociados a otros arquitectos locales.

¿Cómo manejaste la jerga técnica?

La jerga técnica fue otro desafío, pero rápidamente me puse a “tono” tanto en el léxico como en la entonación.

¿Hay diferencias notables en la forma de relacionarse en el ámbito laboral?

No mucha. Al contrario, a los colegas que vienen de otras zonas de España les llama la atención la cercanía y proximidad. Acá suelen decir que “hay que tener arte para saber torear”.

¿Sientes que tu formación uruguaya te da un valor agregado o un diferencial?

No hay mucha diferencia en el perfil de la formación. El valor es que sintonizas y aportas novedad. Pero eso dura un rato.

¿En qué estás trabajando actualmente?

Combino actividad profesional con clases en la Universidad como profesor de proyecto y urbanismo

¿Qué tipo de escala y programas estás desarrollando?

Hemos hecho de todo un poco, principalmente edificios de equipamientos públicos (educativos, culturales, sociales) y vivienda social. La gran mayoría por concurso. También hemos hecho proyectos privados pero de menos tamaño, salvo los que realizamos con y para otros estudios más grandes con los que trabajamos en edificios de vivienda colectiva y urbanizaciones, tanto dentro como fuera de España.

¿Tu trabajo actual tiene alguna impronta de tu formación en Uruguay?.

La base o los ingredientes son casi todos uruguayos, la combinación y dosificación es local. Creo que me adapté completamente a las lógicas de Sevilla y Andalucía que es donde mas trabajo.

¿Trabajas principalmente para locales, para expatriados o tienes clientes en Uruguay desde la distancia?

No tengo clientes. Pasamos de las distintas administraciones públicas a clientes específicos para proyectos específicos. Es decir, tenemos clientes diversos, no permanentes (asunto poco recomendable)

¿Te ves volviendo a Uruguay a ejercer en algún momento?

No descarto la idea de volver a ejercer en Uruguay, pero no estoy trabajando para ello. Mantengo muy buenas relaciones con colegas y ex socios, así como con la Facultad. Intento vincular actividades académicas y ahora estoy trabajando en una tesis doctoral sobre las cooperativas de vivienda.

Mirando hacia atrás, ¿cuál dirías que fue el mayor desafío de emigrar siendo arquitecto? ¿Y la mayor satisfacción?

El desafío: dar la “talla”. La satisfacción: poder construir.

¿Qué recomendación le darías a un arquitecto uruguayo recién recibido o con experiencia que esté pensando en emigrar al mismo destino que tú?

Humildad, paciencia y determinación

Muchas gracias Fernando por tu testimonio y tus aportes

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