El cine fue uno de los escenarios privilegiados donde el Art Déco imaginó la modernidad. A propósito del ciclo que Cinemateca dedica a este movimiento en el marco de la Semana de la Arquitectura organizada por SAU, esta serie de tres entregas recorre algunas de sus manifestaciones en el cine, con especial atención a las escenografías: espacios geométricos, arquitecturas fantásticas, interiores sofisticados y ciudades futuristas que convirtieron la pantalla en un verdadero laboratorio visual de la modernidad.
ESCENIFICAR LA MODERNIDAD: ART DÉCO Y CINE (parte 2)
El cine como difusión de una imagen de modernidad
Las películas producidas en Hollywood contribuyeron a construir y difundir una determinada imagen de la vida moderna, asociada a las grandes ciudades, los rascacielos, los automóviles, los hoteles, los clubes nocturnos, los transatlánticos y los nuevos espacios comerciales. Muchos de estos escenarios incorporaron recursos próximos al Art Déco, convirtiendo la pantalla en un medio privilegiado para representar y difundir los valores, aspiraciones y formas de vida asociados a la modernidad urbana.

2 – King Kong (1933)
Esta afinidad se manifestó en la incorporación de recursos formales propios del Art Déco (geometría, simetría, estilización, repetición y monumentalidad) asociados a un imaginario más amplio de velocidad, tecnología y progreso. La capacidad de difusión internacional del cine permitió, además, multiplicar estos códigos estéticos ante públicos muy diversos. La propia arquitectura de las salas cinematográficas participó de este proceso mediante fachadas monumentales, marquesinas luminosas, iluminación eléctrica, tipografías geométricas e interiores elaborados. El Art Déco comenzaba así a trascender la decoración para integrarse en una experiencia en la que arquitectura, diseño, tecnología, espectáculo e imagen construían conjuntamente una nueva idea de modernidad.
Del imaginario futurista al lenguaje cinematográfico
Metropolis (1927), de Fritz Lang, no constituye un ejemplo de Art Déco en sentido estricto, pero resulta fundamental como antecedente del imaginario cinematográfico de la metrópolis moderna que, pocos años después, sería asociado también con el lenguaje déco. Su arquitectura imaginaria combina expresionismo, futurismo y referencias de la arquitectura contemporánea con recursos que posteriormente se asociarían al estilo: monumentalidad, geometría, verticalidad y fascinación por las máquinas, junto con una ciudad moderna concebida simultáneamente como utopía y distopía. La Nueva Torre de Babel, diseñada por el equipo de escenografía de la película, muestra cómo el cine reelaboraba las búsquedas de la arquitectura contemporánea para construir un imaginario urbano tecnológico y monumental. Su relación con la arquitectura expresionista y con los proyectos de rascacielos desarrollados en Alemania durante los años veinte permite situar a Metropolis en el contexto de las transformaciones de la arquitectura moderna.

2.a – Calle comercial principal en Metrópolis de Fritz Lang (UFA, 1927).
Por ser una de las películas seleccionadas por Cinemateca para el ciclo Cine y Art Déco resulta interesante transcribir una parte de la reseña: “Las fachadas verticales, las líneas paralelas limpias y las simetrías opresivas son el sello distintivo del estilo. Los despachos de la élite (como el del magnate Jon Fredersen) muestran un patrón meticuloso en suelos y paredes, combinando el gigantismo arquitectónico con lámparas y accesorios geométricos de la época. María, el robot de la película, es quizás una de las esculturas de corte Art Déco más memorables de la historia: formas aerodinámicas, acabados metálicos y contornos estilizados que ensalzan la tecnología de producción masiva.” (https://cinemateca.org.uy/ciclos/884)
A fines de los años veinte, cuando el Art Déco alcanzaba plena expansión, estas referencias comenzaron a incorporarse de manera más directa a las escenografías. The Magnificent Flirt (1928) introduce una estética moderna vinculada con la sofisticación, mientras Our Dancing Daughters (1928), con interiores diseñados por Cedric Gibbons, relaciona el estilo con la juventud, el ocio y las nuevas formas de sociabilidad urbana. En Gentlemen Prefer Blondes (1928), el Art Déco se asocia además con el lujo, la moda, el consumo y la vida urbana. Estas películas muestran cómo determinados recursos visuales asociados al Art Déco podían integrarse en la representación cinematográfica de diferentes aspectos de la vida moderna: la sofisticación, la juventud, el ocio, la moda, el consumo y la sociabilidad urbana.

2.b – The Magnificent Flirt (1928) 2.c – Our Dancing Daughters (1928)
En The Wonder of Women (1929), esta incorporación se vuelve más sistemática. Escaleras, barandas, lámparas, puertas, columnas y mobiliario articulan líneas rectas, diagonales y curvas en una composición unitaria. La escenografía puede condensar, en un mismo ambiente, elementos que en la arquitectura construida responden a distintas escalas y funciones. El Art Déco comienza de este modo a funcionar como un lenguaje visual cinematográfico, diseñado para producir una imagen coherente.

2.d – Gentlemen Prefer Blondes (1928). 2.e – The Wonder of Women (1929)
En The Kiss (1929), dirigida por Jacques Feyder, los interiores diseñados por Cedric Gibbons profundizan esta tendencia. Geometría, simetría, superficies brillantes, espejos, luminarias y mobiliario depurado construyen un universo de lujo y modernidad. Los espacios privados de la protagonista funcionan como extensiones de su identidad, integrando cuerpo, vestuario, mobiliario y arquitectura en una misma construcción visual. El Art Déco funciona como un recurso para representar el cosmopolitismo, la sofisticación y nuevas formas de vida.

2.f – Our Modern Maidens (1929)
Esta relación entre estilo y transformación social se hace todavía más evidente en Our Modern Maidens (1929). Aquí el Art Déco deja de limitarse al espacio interior y se integra con vestuario, fiestas, objetos y comportamientos, convirtiéndose en expresión visual de la mujer moderna y de las nuevas formas de sociabilidad.
De la vida moderna al futuro
Con Just Imagine (1930), dirigida por David Butler, el Art Déco deja de asociarse exclusivamente con la representación del presente para proyectarse hacia el futuro. La película imagina un Nueva York de 1980 mediante una enorme maqueta que reúne rascacielos, puentes, vías elevadas, calles peatonales, vehículos aéreos y grandes estructuras de comunicación. Verticalidad, geometría, iluminación artificial y tecnología configuran un paisaje urbano en el que confluyen recursos del Art Déco, imaginarios futuristas y referencias a propuestas urbanísticas desarrolladas por Harvey Wiley Corbett, Hugh Ferriss y Raymond Mathewson Hood.
En contraste con Metropolis, donde la ciudad futura adquiere una dimensión monumental, industrial y distópica, Just Imagine presenta la modernidad desde una perspectiva más vinculada al optimismo tecnológico y a la transformación de la ciudad estadounidense. El futuro no aparece solamente como una ciudad imaginaria, sino como una prolongación de las formas arquitectónicas y urbanas que en ese momento pertenecían al presente.
Esta relación ha sido analizada por Lucía Alonso en su artículo “Nueva York entre el pasado y el futuro”, publicado en el número 6 de la revista Teatro Marítimo (diciembre de 2017), donde señala las numerosas analogías entre la maqueta cinematográfica y las corrientes de pensamiento urbano de la época.

2.g – Just Imagine (1930). 2.h – Futurama, Norman Bel Geddes (1939)
Futurama, la célebre instalación diseñada por Norman Bel Geddes para el pabellón de General Motors en la Feria Mundial de Nueva York de 1939, permite observar una transformación de este imaginario. Si Just Imagine conserva una combinación de referencias déco, futuristas y arquitectónicas propias del período de entreguerras, Futurama desplaza progresivamente el énfasis hacia el diseño industrial, el streamline y una concepción más racionalizada y dinámica de la ciudad. El interés se concentra ahora en la movilidad, las infraestructuras y la capacidad de la tecnología para reorganizar el territorio urbano. Ambas propuestas comparten, sin embargo, una preocupación característica de la época: imaginar cómo los avances tecnológicos podían transformar la ciudad y anticipar sus formas futuras.

2.i –The Divorcee (1930) 2.j – Platinum Blonde (1931)
En The Divorcee (1930), el proceso adopta otra dirección. Los interiores diseñados por Cedric Gibbons trasladan la modernidad al ámbito doméstico mediante superficies lisas y brillantes, mobiliario estilizado y composiciones geométricas. El espacio moderno acompaña aquí la transformación de las costumbres y la representación de una mujer independiente. Platinum Blonde (1931) amplía esta presencia hacia los interiores cotidianos y la cultura visual de masas, mostrando cómo sus recursos visuales podían trasladarse también a espacios domésticos y cotidianos dentro de la representación cinematográfica.

2.k – Grand Hotel, 1932
En Grand Hotel (1932), película que también integró la selección realizada por Cinemateca para el ciclo Cine y Art Déco, la escenografía de Cedric Gibbons lleva esta evolución hacia los grandes espacios colectivos. El vestíbulo, con sus superficies brillantes, formas circulares, puertas giratorias y diferentes niveles, representa lujo y cosmopolitismo, pero además organiza el movimiento de los personajes y permite articular las distintas historias. La arquitectura deja así de ser un fondo para adquirir una función narrativa.
La reseña de Cinemateca caracteriza el decorado de Grand Hotel como uno de los ejemplos culminantes del “Hollywood Déco” y destaca especialmente el vestíbulo circular, el suelo ajedrezado, las superficies cromadas, los espejos y las lámparas como recursos destinados a transmitir sofisticación, dinero y modernidad. (https://cinemateca.org.uy/ciclos/884)
La ciudad, el poder y la inquietud
En King Kong (1933), determinados recursos asociados al Art Déco alcanzan la escala monumental de la metrópolis. La verticalidad del paisaje urbano de Nueva York, simbólicamente representada por el Empire State Building, recientemente inaugurado, convierte al rascacielos en símbolo del desarrollo tecnológico y de la capacidad de transformación de la ciudad. La ascensión de Kong transforma al edificio en escenario del enfrentamiento entre naturaleza y modernidad, asociando el Art Déco no solamente con el lujo, sino también con la monumentalidad y el poder de la ciudad vertical.

2.l – The black cat (1934)
En The Black Cat (1934), dirigida por Edgar G. Ulmer, ese mismo lenguaje adquiere un significado opuesto. La propia Cinemateca, al reseñar esta tercera película seleccionada para el ciclo Cine y Art Déco, señala la influencia conjunta de la Bauhaus y el Art Déco en una ambientación caracterizada por escaleras en espiral, bóvedas, superficies geométricas y espacios deliberadamente asépticos. La modernidad deja así de representar únicamente progreso y sofisticación para expresar frialdad, mecanización y amenaza. La referencia arquitectónica resulta explícita en la caracterización de la mansión del villano Hjalmar Poelzig, cuyo nombre homenajea al arquitecto expresionista Hans Poelzig: “En lugar de un castillo húmedo, medieval y lleno de telarañas, la mansión del villano Hjalmar Poelzig […] está construida sobre las ruinas de una fortaleza militar con un diseño vanguardista y aséptico”. (https://cinemateca.org.uy/ciclos/884)
La asociación al nombre Poelzig introduce una referencia arquitectónica dentro de una escenografía que combina distintas vanguardias y lenguajes modernos.
El Art Déco demuestra así su capacidad para invertir sus significados y convertirse en un lenguaje de inquietud y deshumanización. Cinemateca considera la película “una de las culminaciones del cine de terror de la Universal de los años treinta” y destaca sus “líneas duras y angulares”, los bloques de vidrio que filtran la luz en patrones geométricos y las escaleras flotantes y curvilíneas, elementos que contribuyen a construir un universo de “minimalismo frío”. Los laboratorios, las habitaciones y hasta los altares satánicos adoptan una geometría rigurosa que refuerza la asociación entre modernidad, racionalidad y amenaza. (https://cinemateca.org.uy/ciclos/884)

2.m – Things to Come (1936)
Finalmente, Things to Come (1936), basada en H. G. Wells y dirigida por William Cameron Menzies, proyecta esta evolución hacia una síntesis entre arquitectura, tecnología y futuro. La ciudad de Everytown combina grandes volúmenes geométricos, superficies lisas, estructuras escalonadas, simetrías y elementos metálicos con referencias al futurismo, el racionalismo y el diseño industrial. Las formas modernas ya no representan solamente el presente ni un futuro tecnológico: se convierten en instrumentos para imaginar una transformación integral de la sociedad.
Una evolución del lenguaje visual
El recorrido permite observar, más que una evolución lineal, una progresiva ampliación de las funciones que los recursos asociados al Art Déco podían desempeñar dentro del lenguaje cinematográfico.
En The Magnificent Flirt, Our Dancing Daughters y Gentlemen Prefer Blondes (1928), el Art Déco aparece vinculado principalmente con la moda, la juventud, el lujo, el ocio y la vida urbana. En The Wonder of Women, The Kiss y Our Modern Maidens (1929), se convierte en un lenguaje espacial más integrado, capaz de relacionar arquitectura, decoración, vestuario y personajes.
Con Just Imagine y The Divorcee (1930), el lenguaje se proyecta simultáneamente hacia el futuro y hacia las transformaciones de la vida cotidiana; Platinum Blonde (1931) y Grand Hotel (1932) amplían su presencia a los espacios domésticos y colectivos, incorporando además una dimensión narrativa.
En King Kong (1933), el lenguaje se desplaza hacia la escala monumental de la metrópolis; en The Black Cat (1934), la geometría moderna puede expresar amenaza y deshumanización; y en Things to Come (1936), las formas modernas alcanzan una dimensión utópica y futurista.
Más que una simple reproducción del estilo, este recorrido permite entender el cine como un espacio de apropiación y transformación del Art Déco. Sus recursos podían funcionar como signos de moda y de vida moderna, pero también como lenguaje espacial, arquitectónico, tecnológico y simbólico capaz de representar el lujo y el consumo, la emancipación femenina, la ciudad vertical, el progreso tecnológico, el futuro, la inquietud y la utopía.
Su particular eficacia cinematográfica residió en la posibilidad de reunir arquitectura, diseño, moda, espectáculo y tecnología dentro de una misma puesta en escena, transformando esos elementos en signos visibles de la experiencia moderna y difundiendo masivamente una determinada imagen de la modernidad.
Texto escrito por: Arq. Daniel de León