Desde la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) lamentamos profundamente el fallecimiento del colega Ramón Gutiérrez el pasado 23 de julio a sus 86 años. A modo de homenaje, compartimos las palabras de Willy Rey Ashfield y Daniel de León.
Palabras de Willy Rey
Me cuesta mucho recordar al gran académico, a su enorme trayectoria, a su producción bibliográfica y a las tantas y diferentes líneas generadas en materia de investigación histórica y teórica. La cercana muerte ha llenado mi recuerdo de otras instancias, de emociones y momentos compartidos, de valiosas discusiones, de consejos y hasta de ciertos desacuerdos. Porque en Ramón la vida adquiría sentido cuando estaba consagrada al estudio, al análisis detenido, a la difusión de ideas, a la producción de eventos, a la escritura; pero también a la polémica, sana y humanista.
Fue uno de los grandes actores de la historiografía iberoamericana de todos los tiempos, no sólo por lo que produjo en términos narrativos y documentales sino por el legado crítico, la formación aportada a distintas generaciones de docentes y por haber conformado un archivo casi único en el estudio de la arquitectura y la ciudad latinoamericana.
Ramón tuvo una vida dedicada a la investigación y a la enseñanza, pero también a una vasta producción cultural que incluyó exposiciones -algunas de ellas verdaderamente históricas-, libros y revistas, conferencias, simposios y congresos. Los SAL (Seminarios de Arquitectura Latinoamericana), con sus premios a reconocidas figuras de nuestra profesión encontraron en él un eje vertebrador, permitiendo a su vez una verdadera puesta en valor de distintas arquitecturas. Son muchos los nombres que estos seminarios permitieron difundir y hacer conocer, más allá del ámbito de las escuelas y facultades universitarias; bueno es recordar que la enorme figura del ingeniero Eladio Dieste encontró en los SAL uno de sus primeros y más importantes espacios para el reconocimiento internacional de su obra.
Nuestra historiografía continental ha sido, a partir de su producción histórico-crítica, mucho más ancha y extensa, más densa y profunda, no sólo por las importantes batallas ganadas en materia de ideas -la defensa del barroco latinoamericano como eje innovador y no como simple manifestación periférica, es una de ellas-, o por las nuevas líneas investigadas en materia de obras, autores, proyectos y archivos, sino también por su permanente promoción y estímulo a las nuevas generaciones capaces de continuar, ampliar y enriquecer el estado del arte. Completé mi formación de posgrado gracias a Ramón, conociendo de primera mano su vocación humanista y su capacidad para abrir puertas a distintos investigadores latinoamericanos y españoles, preocupándose siempre por su estadía académica, orientándolos en sus líneas de trabajo y facilitando la llegada a los más diversos archivos públicos y privados.
Fue, sin duda, un intelectual apreciado y valorado en ambas orillas del Atlántico; ha sido por eso que universidades de ambos continentes le rindieron gran tributo, reconociéndole como doctor honoris causa en muy distintas oportunidades. Este año, la Universidad de Buenos Aires -la UBA- le comunicó que le haría entrega de este mismo título, y que lo celebraría en el próximo mes de agosto. Apenas unos días antes, sin embargo, lo encontró la muerte en su escritorio, en pleno trabajo. Nunca la esperó; ni siquiera la consideró demasiado, porque Ramón era definitivamente incansable.
Adiós gran amigo; hasta siempre.
William Rey Ashfield
Palabras de Daniel de León
Con profundo pesar hemos recibido la noticia del fallecimiento del arquitecto Ramón Gutiérrez.
En enero de 2025, el CEDODAL publicaba su libro Desde adentro. La construcción de la historiografía de la arquitectura colonial americana. En la introducción de esa obra, Ramón Gutiérrez escribía:
“Tengo ya 85 años y los últimos 60 los he dedicado a la Historia de la Arquitectura y el Urbanismo. Soy por lo tanto un testigo y un protagonista de este tema, del cual hoy pretendo ser un cronista.”
Ramón fue mucho más que un testigo, un protagonista o un cronista. Fue un maestro de varias generaciones, un investigador incansable, un escritor prolífico y un impulsor de equipos de trabajo que trascendieron fronteras. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo sabemos que su capacidad para convocar personas no se sustentaba únicamente en su inmenso prestigio académico, sino también en una profunda convicción acerca del valor de la colaboración, ejercida con generosidad, rigor intelectual y una permanente vocación de servicio.
Su legado queda plasmado en una producción excepcional de artículos, libros, investigaciones, exposiciones y proyectos que transformaron el estudio de la arquitectura y el urbanismo en Iberoamérica, pero también en la formación y el estímulo de innumerables discípulos y colegas.
A su compañera de toda la vida, Graciela María Viñuales, y a sus hijos Martín, Rodrigo y Alejo, les hacemos llegar nuestro más sentido pésame, acompañándolos con afecto en este momento de profundo dolor.
Daniel de León